Musharraf maniobra pel seu futur polític

El general Pervez Musharraf está dispuesto a colgar el uniforme, siempre y cuando sea reelegido presidente de Pakistán, dentro de un mes. Así lo confirmaron ayer sus representantes legales, por escrito, frente a una comisión de nueve magistrados del Tribunal Supremo. El Alto Tribunal escucha desde el lunes las denuncias de inconstitucionalidad - presentadas por un partido islamista y otro liberal- contra la intención de Musharraf de postularse de nuevo como candidato presidencial vistiendo aún el uniforme de jefe del ejército. Sus abogados pretenden convencer a los magistrados de que no es necesario levantar objeciones legales a su doble titularidad, dada la promesa del general de convertirse, tras muchas presiones, en presidente civil. De este modo, Musharraf abandonaría su condición de jefe del Estado Mayor - cuyo mandato termina de todas formas a final de año- inmediatamente antes de volver a jurar el cargo de presidente.

Es interesante observar que el presidente del Supremo, Iftijar Chaudry - relevado por Musharraf y luego readmitido tras galvanizar a la oposición con su negativa a apearse-, ha decidido quedar al margen de la citada comisión. Igualmente significativo es el silencio de la ex primera ministra Benazir Bhutto, lo que hace pensar que su pacto con Musharraf está mucho más maduro de lo que ambos reconocen en público. Bhutto ha anunciado que, tras años de exilio, aterrizará en Karachi el 18 de octubre. Aunque esgrima que la fecha ha sido elegida para no interferir con el Ramadán, a nadie se le escapa que tampoco entorpecerá la reelección de Musharraf. La elección del presidente de Pakistán - como en India- no es directa, sino ejercida por diputados de la Asamblea Nacional y provinciales. Miembros de la formación de Bhutto, el Partido Popular de Pakistán, expresan su desacuerdo con que Musharraf sea reelegido por la misma asamblea que legitimó su golpe de Estado de 1999 y cuestionan la legitimidad de su reelección si en las próximas legislativas, que deben celebrarse antes de mediados de enero, las fuerzas que cortejan a Musharraf son barridas del Parlamento.

En el 2002 Musharraf aseguró a los partidos que le apoyaron - singularmente a los islamistas- que en diciembre del 2004 abandonaría la jefatura del ejército. El incumplimiento de aquella promesa y otros episodios de distanciamiento - el alineamiento con EE. UU. en Afganistán, el asalto a la mezquita Roja o la ofensiva en las zonas tribales- han motivado la denuncia del principal partido islamista contra Musharraf por inconstitucionalidad, que deberá resolverse antes de una semana.

En una inquietante muestra de parcialidad, el jefe de la Comisión Electoral cambió las reglas de elección presidencial el viernes, especificando que los dos años de excedencia exigibles a los funcionarios públicos antes de ser candidatos a órganos legislativos no son aplicables en las elecciones presidenciales, con lo cual Musharraf podrá concurrir en calidad de jefe del Estado Mayor.

Algo que contrasta con la ley aprobada a instancias de Musharraf, que prohíbe la reelección de un primer ministro para un tercer mandato, hecha a medida de Benazir Bhutto y Nawaz Sharif, ambos jefes de gobierno en dos ocasiones. La derogación de dicha ley es uno de los puntos de discordia en la negociación secreta entre Benazir Bhutto y Pervez Musharraf. El trato con el dictador está haciendo perder popularidad a Bhutto, que asegura que no tiene otro objetivo que hacer posible la transición democrática.

Si lo consigue, Bhutto podría no ser la única candidata a primera ministra. Una vez descartada la participación de Nawaz Sharif, deportado a Arabia Saudí tras aterrizar en Islamabad la semana pasada, se especula con que su esposa, Kulsum Nawaz, sea la cabeza de lista de la Liga Musulmana de Pakistán (PML-N). Asimismo, Chaudhry Shujaat, presidente de la PML-Q - la fracción de la Liga que Musharraf consiguió escindir para su uso como bastón político-, ha declarado que la esposa del general, Sehba Musharraf, sería una excelente candidata del partido. Musharraf aún no ha dicho la última palabra en cuanto a acumulación de poder.

J.J. Baños, lavanguardia, 19-IX-07.