VI/VII-04


LV, 11-VII-04, F. Flores: La primera vez que los representantes de las guerrillas del sur de Sudán visitaron Estados Unidos –pues Washington se dispuso a apoyarlas cuando los islamistas tomaron el poder, a principios de los ochenta– se quedaron sorprendidos al ver el tono claro de la piel de los negros norteamericanos. “¡Son más blancos que los árabes!”, exclamaron perplejos. La anécdota, contada hace unos años a este diario por el portavoz del Ejército de Liberación del Pueblo del Sudán (ELPS), tiene que ver con la confusión que rodea muchos aspectos del gigantesco Estado africano, un país dividido en dos, los negros al sur, los árabes al norte. El pasado 30 de junio, los sudaneses pudieron admirarse de la palidez de Colin Powell, pero aún más por el hecho de que viajara, en compañía de Kofi Annan, al considerado hasta hace muy poco tiempo Estado paria. Ciertos análisis dicen que han sido los congresistas ultrarreligiosos los que han impulsado el interés de Washington por la tragedia sudanesa, pensando según el esquema convencional de cristianos contra musulmanes con que ha sido vista durante dos décadas la guerra entre el ELPS y el Gobierno de Jartum. El caso es que esta vez el conflicto del territorio de Darfur enfrenta sólo a musulmanes. Pero la preocupación de Washington tiene más alcance.
La crisis humana de Darfur ha sido presentada por la ONU como la más grave en estos momentos. Esta calificación fue impuesta por Estados Unidos en el Consejo de Seguridad y secundada por todo el mundo de inmediato. Entre amenazas al Gobierno sudanés, se ha agitado el horror de la palabra genocidio. Un millón de desplazados por una guerra que ha costado 10.000 vidas en 14 meses y que se hallan a las puertas de una hambruna, que sufren violaciones y hostigamientos, no podían haber tenido mejor suerte en cuanto a atención de la comunidad internacional. En 1998, en la provincia de Bahr El Gazal, al sur de Darfur, en una situación idéntica a la actual, los afectados eran dos millones y más de cien mil personas murieron antes de que llegara la ayuda humanitaria. Entonces no hubo un pronunciamiento semejante.
Ha habido un cambio para bien.Pero el presidente de Médicos Sin Fronteras, Jean-Hervé Bradol, se ha atrevido a llevar la contraria ante tanto interés con un pequeño matiz: en Darfur no hay “ni genocidio, ni limpieza étnica ni guerra tribal”. Simplemente, se repite la vieja guerra. Las milicias a caballo que han arrasado más de 50 pueblos hicieron lo mismo –manejadas por el Gobierno– contra los nuba de las montañas (un caso más propio de genocidio) y contra los insurgentes del sur en Bahr El Gazal. Y de nuevo el acceso a las víctimas es obstaculizado tanto por el presidente Omar Al Bachir como por unos jinetes descontrolados que a este general le costará mucho desarmar si decide hacerlo.
El objeto de la visita de Colin Powell no era otro que tratar de evitar que esta crisis acabe con el acuerdo de paz recién alcanzado entre el Gobierno y el sudista ELPS, y que debe firmarse en agosto. La situación es tal que el fin de una guerra puede desencadenar otra, o provocar un vuelco indeseado en Jartum. Hoy empieza una cadena de reuniones que implican a todas las fuerzas políticas y combatientes de Sudán, e incluso al Gobierno de Chad, ya que alberga a cien mil refugiados y está vinculado con la rebelión de Darfur. La presión internacional parece seria esta vez.
Las guerrillas de Darfur, el Ejército de Liberación de Sudán (ELS) y el Movimiento por la Justicia y la Igualdad (MJI) no buscan la independencia de este territorio marginado, pero sí pretendían ser incluidas en el proceso de paz, del cual se les apartó, al igual que a toda la oposición no armada. Otra preocupación para Powell es que el MJI tiene el apoyo del líder islamista Hassan Al Turabi. Apartado del Gobierno por el presidente Al Bachir en 1999, represaliado pero aún influyente, Al Turabi ha sido de nuevo encarcelado, a la vez que numerosos oficiales originarios de la provincia insurgente. Al Turabi siempre se opuso a un acuerdo con el sur, y Darfur podría no ser otra cosa que un pretexto, y un arma, en una nueva lucha por el poder.



LV, 9-VII-04, reuters: La Unión Africana (UA) enviará 300 hombres a Darfur para que protejan a los refugiados que se han visto desplazados hasta esta zona del oeste de Sudán. La medida es una más de las presiones que el presidente del país, Omar El Bashir, ha recibido para que desarme a las milicias árabes que han acorralado a casi un millón de personas en la zona. Sin embargo, el Gobierno sudanés ya ha desafiado a la UA, al considerar que estas tropas sólo deben ocuparse del personal de ayuda humanitaria, ya que los civiles son responsabilidad de Sudán.


LV, 6-VII-04, Ll. Foix: Hablar del pillaje, la destrucción, las violaciones y asesinatos en la región de Darfur en Sudán no merece ni una pregunta marginal en los parlamentos europeos tan sensibles con la vulneración de los derechos humanos en los rincones más apartados del planeta. Han muerto más personas en esa región sudanesa que en Iraq en los quince meses desde que empezó la guerra.
La dramática situación en Darfur merece algo más que una visita relámpago del secretario general de la ONU, Kofi Annan, y del secretario de Estado norteamericano, Colin Powell para dejar testimonio de que EE. UU. también se preocupa del dolor de las gentes. Lo cierto es, sin embargo, que la visita de Powell ha sido acompañada de la pertinente cobertura informativa que nos ha trasladado el horror en el que viven cientos de miles de negros. Y no hay que descartar que la campaña electoral de Bush introduzca el factor Sudán para frenar la barbarie en Darfur.
No sé lo que hará la Administración norteamericana. Pero tengo la percepción de que invertirá mucho más que la Europa que se declara modélica en su vertiente social y que hace de los derechos humanos una de sus principales banderas. Comparto estos principios. Pero me gustaría que en el Parlamento Europeo a punto de constituirse, en la Asamblea Nacional Francesa, en la Cámara de los Comunes, en el Parlamento español y en el Bundestag, por citar los más relevantes, se dedicara algo más que palabras para evitar las matanzas en Darfur.
Los hechos son escasamente vertidos en los circuitos informativos globales. Los horrores en el Sudán Occidental son tan lejanos como cuando lord Kitchener alcanzó la fama a finales del siglo antepasado con las crónicas periodísticas del joven Winston Churchill. El gobierno sudanés ha protagonizado muchas barbaridades en contra de la minoría cristiana. Ahora es el gobierno de mayoría árabe en Jartum el que ha organizado una milicia árabe, la “janjaweed”, con instrucciones de matar, violar y aterrorizar a los civiles que, al ser negros, se supone que simpatizan con los rebeldes que están en abierta confrontación con el Gobierno.
Unos treinta mil negros han muerto ya en esta refriega y más de un millón han sido obligados a abandonar sus tierras y domicilios. Muchos han huido a la república del Chad mientras que la mayoría se encuentran en fétidos campos de refugiados en Darfur donde el hambre y las epidemias campan por sus respetos. Se calcula que sin la ayuda internacional un millón de personas pueden morir antes de terminar el año y unas trescientas mil perderán la vida en cualquier caso, aunque lleguen las ayudas.
El Gobierno de Sudán arma y estimula a la milicia árabe “janjaweed” que practica una limpieza étnica contra la población negra concentrada en Darfur. Es urgente que el Consejo de Seguridad, Estados Unidos, la Unión Europea y países con un cierto liderazgo en África como Nigeria y África del Sur presionen hasta donde sea posible al Gobierno de Sudán para que ponga fin a los horrores de Darfur que tienen visos de convertirse en genocidio.
No se trata de medir las desgracias en el mundo dependiendo de quiénes sean los protagonistas. En Darfur no está en juego la hegemonía de nadie. Ni hay ejércitos norteamericanos ni se juega ninguna baza electoral. La Unión Europea debe poner en juego su supuesta sensibilidad social y moral para poner fin a tanta barbarie absurda e innecesaria.


LV, 5-VII-04, efe: La Unión Africana ha decidido desplegar una fuerza de aproximadamente 300 efectivos en la conflictiva zona de Darfur, en el oeste de Sudán, anunció el director del Consejo de Paz y Seguridad de la UA, Sam Ibok.
Esta fuerza presuntamente protegería a los 120 observadores, incluidos algunos de la Unión Europea, que vigilarán el respeto al alto el fuego pactado en abril pasado, pero que se ha violado sistemáticamente.
Se ha solicitado la participación de Nigeria, Ruanda, Tanzania y Bostuana en la nueva fuerza y "los contingentes de Nigeria y de Ruanda ya están disponibles y listos para entrar" en la zona, dijo Ibok, en la víspera del comienzo mañana de la cumbre de la UA, de tres días de duración.
El director del recién creado Consejo de Paz y Seguridad de la UA aseguró que el Gobierno de Sudán en Jartum no se opondrá al despliegue, ya que ha mostrado "una tendencia creciente a aceptarlo".
El Consejo discrepó con la ONU al negar que la situación en Darfur, donde las fuerzas gubernamentales y las milicias árabes "Yanyauid" han atacado a los africanos negros, suponga un "genocidio", aunque sí reconoció que es "seria y grave", según Ibok.


LV, 4-VII-04: La ONU y Sudán acordaron un plan de urgencia para hacer frente a la crisis de Darfur, en el oeste sudanés y donde un millón de personas pueden morir de hambre. Según un comunicado divulgado ayer en Jartum, el plan incluye el compromiso del régimen de Sudán de desarmar a las milicias árabes Yanyauid y de enviar más fuerzas para garantizar la seguridad de la población civil. Jartum también se compromete a facilitar el trabajo de las organizaciones humanitarias y a buscar una solución política al conflicto étnico que asuela el área.


LV, 3-VII-04, efe: Las operaciones humanitarias en la región sudanesa de Darfur han recibido hasta ahora una financiación escasa a pesar de que cientos de miles de personas están en peligro de muerte, según manifestaron ayer los portavoces de las principales agencias de las Naciones Unidas.
Mientras, los grupos rebeldes de la zona aseguraron que no pensaban presentarse a las negociaciones de paz que teóricamente debían comenzar ayer en el vecino Chad y acusaron al Gobierno de violar la tregua firmada en abril.
El Programa Mundial para la Alimentación (PAM) sólo ha recibido unos 68 millones de dólares de los 195 millones que pidió a la comunidad internacional para brindar asistencia a 1,2 millones de víctimas del conflicto en el oeste de Sudán. Este objetivo, que en el papel se volvía más ambicioso a partir de octubre, cuando se pretendía alcanzar a dos millones de beneficiarios, difícilmente se cumplirá al ritmo actual de contribuciones.
En junio, el PAM sólo pudo acudir en ayuda algo más de 500.000 personas, aunque en esto también influyó la inseguridad y el mal estado de las vías de comunicación. La portavoz de ese organismo, Christiane Berthiaume, recordó que en el caso de la operación humanitaria después de la guerra en Afganistán, bastaron 15 días para que todo el dinero solicitado fuera desembolsado por los países donantes. “Darfur también necesita una respuesta rápida”, recalcó.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) sólo ha recibido el 21% del dinero que solicitó para asistir a los niños de la región, las principales víctimas de las crisis humanas más graves de los últimos años. El portavoz de Unicef, Damien Personnaz, comparó la situación de los niños de Darfur con la que se registró en Ruanda hace diez años, “con relación a la cantidad de niños afectados y a la magnitud del drama”. “Estamos frente a una generación de niños traumatizados o que arrastrarán las secuelas psicológicas de lo que han vivido”, dijo, y agregó que Unicef pondrá en marcha un programa escolar de apoyo terapéutico a 35.000 niños.


Al-Ahram Weekly, 2-VII-04, by Gamal Nkrumah: Dateline Darfur


LV, 1-VII-04, agcs: En una demostración del gran interés que la crisis de Darfur ha despertado entre la comunidad internacional, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, y el secretario de Estado de EE.UU., Colin Powell, se encontraron ayer en Jartum para conocer in situ el conflicto calificado de “la peor crisis actual de la humanidad”. La presencia de ambos líderes ha servido también para presionar al Gobierno de Sudán, acusado de armar y pagar a las milicias árabes Janjaweed, responsables de una situación que camina hacia el genocidio. Annan y Powell rivalizaron en sus declaraciones en reprender al régimen sudanés y amenazaron con sanciones internacionales si no facilita una rápida solución. “Si el Gobierno no es capaz de proteger a sus ciudadanos, o rechaza hacerlo, la comunidad internacional debe actuar”, sentenció Annan. Por su parte, Powell realizó una breve visita al campo de refugiados de Abu Shouk, tras la cual definió la situación como “horrible y catastrófica”.
A pesar de ello, el ministro de Exteriores sudanés, Mustafa Oman Ismail, mantenía que “no hay hambre, ni malnutrición, ni epidemias”. Según Powell, “el objetivo de la visita era hacer un seguimiento del proceso de reconciliación nacional” (entre el Gobierno y los rebeldes del sur). “Pero hemos aprovechado la ocasión –añadió el secretario de Estado norteamericano– para expresar nuestra preocupación por lo que ocurre en Darfur. Se hace necesario controlar a las milicias árabes para así garantizar que la ayuda humanitaria se reparta”.


LV, 24-VI-04, red: Las organizaciones humanitarias UNICEF, ACNUR y Cruz Roja hicieron ayer en Bilbao un llamamiento a la solidaridad para recaudar fondos y poder hacer frente "a la primera gran crisis humana del siglo XXI", que se está produciendo en Darfur, en el oeste del Sudán. En una comparecencia ante los medios, representantes de estas ONG expusieron la tragedia que padece la región, donde la guerra civil, las condiciones climáticas y la falta de infraestructuras han situado al 90% de la población por debajo del umbral de pobreza, según el FMI.
Una encuesta nutricional realizada por Médicos Sin Fronteras -MSF- muestra unos niveles de desnutrición y mortalidad peligrosamente altos, y la amenza de morir de inanición crece cada día que pasa. Los contínuos ataques contra los desplazados, la incapacidad de plantar cosechas antes de las lluvias y la vulnerabilidad de las enfermedades más simples han dejado a la mayor parte de la población totalmente dependiente de una asistencia que siempre llega con retraso. La promesa de Jartum de levantar las restricciones al acceso de trabajadores humanitarios extranjeros a la región, así como de agilizar las barreras burocráticas que han obstaculizado la acción inmediata de las ONG es, con toda seguridad, la mejor noticia para las víctimas de esta crisis. Sin embargo, la burocracia del Gobierno sudanés no es el único problema con el que se enfrenta la solidaridad internacional. Los rebeldes tampoco ayudan a facilitar la asistencia humanitaria y ayer mismo nueve camiones con ayuda humanitaria fueron interceptados en la región, según informó el Centro Sudanés de Medios -CSM-. Alarmadas por una situación que no se veía "desde la tragedia de Ruanda", se ha producido, en el último mes, una llegada masiva de ONG a la zona. La ayuda empieza a llegar a Darfur pero aún queda mucho camino por recorrer.
Médicos Sin Fronteras: 902 250 902
Cruz Roja Española: 902 222 292
Intermón Oxfam: 902 330 331


LV, 23-VI-04, B. Fiestas/X. Aldekoa: El inicio de la estación de lluvias amenaza la región de Darfur. Unas lluvias que van a deteriorar, aún más, la trágica situación que asuela esta zona del noroeste de Sudán, devastada por un conflicto que ya dura 15 meses y que ha provocado más de 10.000 muertos y cerca de un millón de desplazados. Una catástrofe humana que las Naciones Unidas no han dudado en calificar de campaña de limpieza étnica, en la que las violaciones masivas de derechos humanos han causado auténticos estragos entre la población africana no árabe.
En febrero de 2003, dos grupos armados de oposición, el Ejército de Liberación de Sudán -SLA- y el Movimiento Justicia e Igualdad -JEM-, se alzaron en armas contra el Gobierno de Jartum al considerar que éste no protegía a su pueblo y que la región estaba marginada. El Gobierno respondió dando carta blanca a las milicia árabes janjaweeds, palabra que significa 'los jinetes del diablo armados con kalashnikov', que empezaron a atacar los campesinos de la región, base de apoyo de los grupos de oposición. La estrategia de ataques, saqueos y violaciones emprendida por los janjaweed contra la pobalción civil, principalmente contra las tribus fur, massalit y zaghawas, han provocado desplazamientos forzosos de cientos de miles de personas que han tenido que abandonar sus hogares y huir de ese reino del terror.
Esther López, delegada de Cruz Roja española en Darfur, define la situación en la región como "la mayor crisis humana en el mundo actual" y habla de un conflicto con "índices de violencia altísimos". Con más de 800.000 desplazados internos y 150.000 refugiados en el vecino Chad, la llegada de la época de las lluvias augura lo peor. "Con las lluvias se perderá el acceso a muchas zonas, lo que dificultará que la ayuda humanitaria llegue a la población. Además -añade- supondrán un aumento del riesgo de epidemias y de contaminación del agua".
Las aguas estancadas favorecen el riesgo de enfermedades, de modo que la necesidad de agua potable, de letrinas y de duchas, se hace más urgente en los campos donde se hacinan cientos de miles de desplazados. "La situación es crítica y si ahora se complican las comunicaciones va a ser aún más difícil ayudar a la población" afirma la delegada de la Cruz Roja española.
La prioridad en estos momentos pasa por garantizar agua de calidad a la población, así como un sistema de saneamiento para evitar la contaminación de los pozos. Todo ello sin olvidar que cada vez se registran más casos de malnutrición entre la población infantil y que la hambruna se cierne sobre la región. Numerosas organizaciones humanitarias han estimado que más de 300.000 personas podrían morir en los próximos meses, víctimas de la violencia, las epidemias o la escasez de alimentos, si no reciben asistencia de forma inmediata.
Darfur tiene todos los elementos para ser considerado un 'conflicto olvidado', arrinconado por una respuesta internacional tardía e insuficiente. "Se ha producido una tardanza de la reacción de la comunidad internacional, sobre todo si tenemos en cuenta la magnitud de la tragedia en Darfur", señala Esther López.
La esperanza de lograr la paz entre el norte y el sur de Sudán, un enfrentamiento que se remonta incluso a antes de la independencia del país, ha limitado las iniciativas internacionales en Darfur. A pesar de que la región no ha sido incluida en las conversaciones de paz, aún queda espacio para el optimismo. "Si se firma la paz en el sur, Darfur puede pasar a primer plano y así tener una oportunidad". De momento, mientras se espera una futura solución del conflicto y ante la inminencia de las lluvias, la Cruz Roja recuerda que los miles de desplazados necesitan, más que nunca, ayuda internacional.



LV, 23-VI-04, F. Flores: En Sudán todo es cíclico. La crisis de Darfur recuerda espantosamente la de 1998, que puso a un millón de desplazados al borde de la muerte por inanición más al sur, en la provincia de Bahr El Gazal. Las noches en la sabana, en una incierta tierra de frontera entre los árabes y los negros, eran de no dormir. Aquella vez los jinetes del miedo eran los baggara, un pueblo que tradicionalmente frecuentaba la rapiña y la captura de esclavos manejado ahora por las milicias del Frente Nacional Islámico. Los integristas lograron en 1989 llevar al poder a su ideólogo, Hassan Al Turabi -junto al general Omar Al Bechir-, e imponer la ley islámica en todo el país. Las milicias habían llegado a ser más importantes que el ejército, hostigando a la guerrilla del SPLA -Sudan People Liberation Army- a base de masacrar a la población civil.
La actual guerra del Sudán empezó hace 21 años y tiene su origen, como la de 1955-1972, en la herencia de la colonización angloegipcia. El norte árabe del Nilo azul no tiene nada que ver con el sur negro de los dinka, nuer, toposa..., el Sudán tierra de esclavos. Pero además, la insurrección sudista tiene mucho que ver los pozos de petróleo y con el viejo proyecto de canalizar agua del Nilo blanco hacia el norte.
La guerra, al coste de dos millones de vidas, se fue pudriendo entre traiciones de los caudillos del SPLA, estériles rondas de negociaciones y cambios de alianzas. Cuando los islamistas llegaron al poder (luego darían refugio a Bin Laden), Estados Unidos decidió apoyar al SPLA/M, y de este modo la ONU mantiene, desde hace 16 años, una operación humanitaria que es la mayor del mundo. En 1998, aviones Hércules despegaban desde Kenia 18 veces al día para lanzar víveres en paracaídas sobre Bahr El Gazal.
Hoy, el SPLA/M ya no aspira a la independencia del sur, sólo a su autonomía; el régimen de Jartum sufre sus propias tensiones desde que se apartó del poder a Al Turabi, y por una vez parece que las conversaciones de paz -abiertas en abril- siguen un curso normal. Pero Darfur no es territorio del SPLA/M y no entra en el paquete negociador.



LV, 23-VI-04, B. Fiestas/X. Aldekoa: El secretario general de la ONU, Kofi Annan, afirmó ayer que la paz en Sudán pasa primero por resolver la crisis humanitaria en la región de Darfur. En una entrevista a la radio de las Naciones Unidas, con motivo del lanzamiento de un nuevo programa semanal dedicado a África, Annan pidió a la comunidad internacional que ejerza su influencia en el Gobierno de Jartum. "A no ser que abordemos la situación en Darfur, el acuerdo de paz alcanzado entre el norte y el sur será frágil", declaró Annan, destacando además que gracias a sus presiones el Gobierno sudanés empieza a dar visados, no sólo al personal de la ONU, sino a trabajadores humanitarios de ONG. Las agencias de la ONU han acelerado la asistencia humanitaria para más de un millón de desplazados en Darfur y al menos 150.000 refugiados que han cruzado la frontera hacia Chad.


LV, 22-VI-04, M. Chavarría: Médicos Sin Fronteras -MSF- ha lanzado una llamada desesperada a las ONG de ámbito estatal e internacional para que contribuyan a hacer frente a la situación de emergencia humanitaria que se está produciendo en la región de Darfur, en Sudán, donde 400.000 desplazados soportan violentos ataques y violaciones por parte de las milicias. MSF denuncia niveles inusitados de mortalidad y desnutrición entre la población desplazada, que depende de una ayuda hasta el momento insuficiente.
Aitor Zabalgogeaskoa, responsable de la unidad de emergencias de MSF España, concretamente de los proyectos de Sudán, explica que la crisis aguda se arrastra desde abril del año pasado. "Hay una tardanza tremenda en reaccionar por parte de la comunidad internacional, se ha cerrado los ojos a la situación desesperada de un millón de personas. Sólo desde MSF atendemos a 400.000 personas; son 37.000 consultas mensuales; tenemos 1.400 niños malnutridos graves y otros 4.500 con malnutrición moderada; contamos con 104 expatriados y 1.800 trabajadores locales, pero echamos en falta más operativos de ONG y de las Naciones Unidas".
En el asentamiento provisional de Mornay viven aterrorizados por las milicias 80.000 desplazados, después de haber sobrevivido a la masacre que asoló 11 pueblos entre septiembre de 2003 y febrero de este año. Hay mueren cada mes 200 personas víctimas de la violencia, el hambre y la enfermedad.
"No podemos ni hacernos a la idea de la violencia que sufren estos civiles -señala Zabalgogeaskoa-. Uno de cada 20 ha sido ejecutado; en cada familia ha habido un muerto; viven sin comida ni agua, rodeados por paramilitares. El hecho de estar desplazados y no poder plantar este año les hace dependientes de ayuda humanitaria externa hasta finales de 2005. Pero existe otro problema: faltan en la zona ONG para repartir la comida del Programa Mundial de Alimentos".


LV, 16-VI-04, efe: El secretario general de la ONU, Kofi Annan, pidió ayer ayuda humanitaria urgente para la región sudanesa de Darfur, sumida en una guerra civil, e instó a las autoridades de Sudán a desarmar a la milicia que actúa en la zona y a permitir el acceso a ésta de la ayuda internacional. “Es una urgencia de la humanidad de proporciones catastróficas a la que hay que responder, no mañana, sino hoy mismo”, declaró Annan en una conferencia de prensa en la ciudad brasileña de Sao Paulo.
“Además, el mundo debe insistir para que las autoridades sudanesas neutralicen y desarmen a la milicia que sigue aterrorizando a la población. También deben permitir el acceso de la ayuda humanitaria”, recalcó.
Según la Unicef, medio millón de niños están amenazados por la malnutrición y enfermedades varias en Darfur, un vasto y semidesértico territorio desgarrado desde febrero del 2003 por una guerra civil que ya ha matado a unas 10.000 personas, según la ONU. Más de dos millones de personas están afectadas por esta crisis humana, la más grave en Sudán desde 1998, que ha causado el desplazamiento de un millón de personas y ha forzado al menos a otras 120.000 a refugiarse en el vecino Chad.
Carol Bellamy, directora general de la Unicef, que ayer regresó a Jartum después de una visita de dos días a Darfur para inspeccionar la alarmante situación social sobre el terreno, instó al presidente de Sudán, Omar El Bashir, a proteger al millón de personas desplazadas en la zona a causa de la violencia. Tanto los responsables de la ONU como grupos internacionales de derechos humanos acusan a las milicias apoyadas por el Gobierno de Bashir de violación de mujeres y otros abusos de derechos humanos en una campaña de genocidio en Darfur. Bellamy urgió al presidente sudanés a enviar más fuerzas de policía a la región.
Sudaneses árabes y negros han mantenido siempre enfrentamientos por los escasos recursos de la región de Darfur, la más subdesarrollada de Sudán. En febrero del 2003, dos grupos negros rebeldes (El Movimiento de Liberación de Sudán y el Movimiento Justicia e Igualadad) tomaron las armas y acusaron al Gobierno, controlado por la elite árabe del norte, de marginalizar Darfur. Al Gobierno se le acusa de haber respondido respaldando una campaña contra los campesinos negros emprendida por una milicia árabe conocida como Janjaweed. El Gobierno de Bashir lo niega, y achaca los disturbios en Darfur a los rebeldes y a bandas criminales. Este conflicto estalla, además, cuando Sudán parece estar cerca de alcanzar un acuerdo de paz que pondría fin a una guerra civil entre el norte árabe y el sur negro de Sudán que ha durado 21 años y que ha causado más de dos millones de muertos.
También Estados Unidos cree en la responsabilidad de Jartum en el drama humano de Darfur, y le acusa de seguir tratando de dificultar la llegada de ayuda humanitaria a la zona.
En un intento de desmentir estas acusaciones, Jartum ha pedido la ayuda de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI) para aplicar el alto el fuego con las milicias rebeldes de Darfur. “Hemos pedido la ayuda de la OCI en la aplicación de una tregua, sobre todo porque la OCI envió una delegación a partir de la firma del alto el fuego en abril”, señaló el ministro de Exteriores.

(ndr: primeras entradas perdidas por saltarse la capacidad del receptor)