l´honor de Pakistan

Un proceso por violación múltiple enfrenta al país contra una justicia tribal arcaica 

No es sólo una mujer analfabeta, confusa y herida la que se expone a la vista de todos. También son la imagen de Pakistán y su credibilidad las que están en juego. La Corte Suprema de esta país inició el pasado lunes la revisión de un proceso que ha atraído la atención mundial. De un lado está la víctima de una violación múltiple que planta cara a sus agresores y a la injusta tradición en la que se amparan, en vez de optar, como tantas otras mujeres pakistaníes en el mismo caso, por el suicidio antes que afrontar la vergüenza. Del otro, el orgullo atávico de Pakistán, y el miedo de su Gobierno a ver erosionada la imagen del país. Tres años después de que el mundo tribal cayera sobre ella, Mujtar Mai se ha convertido en la esperanza de aquellos que creen que el Pakistán del siglo XXI es ya un país moderno... y justo.

Cuando Mai perdió en junio de 2002 lo que se llama el honor,quienes la violaron también le arrebataron toda posibilidad de seguir llevando una vida normal en su pueblo. Pasó a ser una muerta en vida, según las ancestrales normas que todavía imperan en ciertas zonas de ese país. Como en Mirwala, típica aldea campesina, al sur del estado del Punjab. El 22 de junio de 2002, Mujtar Mai, que tenía entonces 30 años, fue violada por un grupo de hombres, que alegan haber cumplido la orden emitida por el consejo local (jirga).

Querían, con su acción, castigar al hermano de Mai, un muchacho de 12 años, Shakur, por haber sido visto en compañía de una mujer de una tribu de mayor importancia. La acción, dicen, había avergonzado a los hombres del clan de los Mastoi y para vengarla pidieron justicia a la jirga.Justicia que en un aterrador ojo por ojo acabó con la violación múltiple de la hermana de Shakur. No es la misma historia que ésta y su hermano explican, ya que según ellos, varios hombres de los Mastoi sodomizaron al muchacho y para evitar la denuncia se inventaron la presunta ofensa. Lo cierto es que todavía hay tres personas detenidas por haber forzado a Shakur. Mai se presentó ante el consejo local, arguyó por su hermano y escuchó la sentencia. Shakur debería casarse con la mujer con la que había sido visto, y Mai, una divorciada, debería hacerlo con un hombre del clan Mastoi. Pero el acuerdo no fue del gusto de todos; un grupo se llevó a Mai y cuatro de ellos la forzaron. Con ello, los Mastoi se dieron por satisfechos.

En ayuda de Mai salió el imán del pueblo que logró hacer llegar la historia a un periódico local. La repercusión fue instantánea, dentro y fuera de Pakistán. Tanto, que el gobierno del Punjab inició una investigación. A finales de junio de la policía arrestó a un grupo de 14 personas; a cuatro se les acusó de la violación; a los demás, de haber ayudado a cometerla. El juicio, celebrado en agosto, condenó a seis de ellos a la pena de muerte, máxima sanción que contempla la ley pakistaní para la violación. Los otros ocho acusados quedaron en libertad. Mai estuvo conforme con la decisión, y con ello pareció haber acabado definitivamente el caso.

Durante dos años y medio un relati-vo silencio envolvió a Mujtar Mai y a su violación. Invirtió el dinero recibido como compensación, unos 8.000 euros, para que se construyeran dos escuelas en su pueblo; nunca antes había visto una escuela hasta que hizo construir ambas. La publicación de un artículo sobre ella en The New York Times propició que el público de EE.UU. se volcara en ayuda económica para las acciones de Mai: recibió 133.000 dólares (algo más de 100.000 euros), enorme cantidad en un país donde el salario medio alcanza apenas los 50 euros. El canal económico sigue todavía abierto para quien lo desee. (www.mukhtarmai.com)

Pero en marzo de 2005, la Corte de Lahore revocó la sentencia contra los seis condenados a muerte -que había sido apelada- alegando "evidencias insuficientes" y "una investigación incompleta". Dejó en libertad a cinco de ellos y permutó la pena capital por la de presión de por vida para el sexto. La decisión causó enorme revuelo y numerosos grupos de defensa de los derechos humanos pidieron al gobierno de Pakistán que interviniera.

Del error al escándalo
Mientras Mai solicitaba protección para su vida, que sentía amenazada desde la libertad de los condenados, en varias ciudades pakistaníes había protestas en la calle contra la decisión judicial. El asunto se fue embrollando hasta que la máxima autoridad jurídica del país -el Tribunal de la Sharia o ley islámica- enmendó la decisión de Lahore y ordenó la detención de nuevo de los cinco liberados.

Sin embargo, el escándalo ya se había extendido por todo el mundo. Y esto fue lo que acabó costándole caro a Mai. Invitada por una organización de dere-chos humanos a visitar Estados Unidos para hablar de su caso, el Gobierno pakistaní le prohibió salir del país. Temía que la publicidad en torno a ella dañara más la imagen de Pakistán. "Este horrible caso de violación ocurrió en una parte remota de nuestro país. No ha sucedido en otros lugares, ni es una cosa habitual", dijo el presidente pakistaní, el general Pervez Musharraf. Pero la negativa a permitir que Mai saliera de Pakistán fue efectiva. Desde entonces, principios de junio, Mai ha vivido prácticamente encerrada en su hogar, virtualmente bajo arresto.

El error del Gobierno daba un giro inesperado a la historia. La víctima se veía castigada y privada de libertad. "¿La gente que está como yo es libre? No se me permite hablar con nadie", declaró Mai. Para los mass-media,un caramelo apetecible que supieron lamer a fondo. La prensa mundial ha cargado contra Musharraf y el gobierno pakistaní. Los críticos al sistema judicial y social de Pakistán dicen que el caso de Mujtar Mai es un ejemplo apabullante del mal trato que reciben las mujeres del país, particularmente en las zonas rurales, donde impera aún un régimen semifeudal. Y afirman que ni el presidente de Pakistán ni su gobierno son capaces de enfrentarse a los líderes tribales que imponen su justicia, mediante su propio código cultural, respaldado por la larga e injusta historia.

Algo que rebate con vehemencia el Gobierno: "No somos peores que cualquier otro país desarrollado", afirmó Musharraf recientemente. Lo dijo en Nueva Zelanda, durante una gira. Las cosas en casa estaban más revueltas, mientras se esperaba la decisión final. El Tribunal Supremo de Pakistán dio por fin luz verde a la apelación de Mai: el 27 de junio se reabrió el caso.

Respaldada por gran parte de la opinión pública, teniendo de su lado a los mejores abogados -su caso se ha convertido en la causa del Pakistán emergente-, Mai pudo abandonar su casa escoltada por la policía y llegó a la cita encabezando la ilusión de un país por borrar la vergüenza de algunas actitudes. Una analfabeta que jamás en su vida había salido de su pueblo es ahora la cara visible de la nueva imagen que un Pakistán ansioso por pasar página e igualar, al menos en el desarrollo económico, a su vecina India, quiere exponer al mundo desde que EE.UU. decidió que ya estaba excluido del eje del mal.Dándole también fuerza a Mai están los datos de la realidad cotidiana del país: 320 violaciones denunciadas en los primeros nueve meses de 2004, 350 violaciones masivas en ese mismo periodo, sólo 39 personas detenidas, según informa la Comisión de derechos humanos de Pakistán. De ahí que la justicia que pide Mai tenga en vilo al país.

X. Ventura, lavanguardia, 3-VII-05.