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la romería islámica de Hotan
Baluarte de las tradiciones uigur, las manifestaciones religiosas musulmanas se ven en Xinjiang con mucha suspicacia (2)
LV, 6-X-2004.

Decenas de autobuses con literas, caravanas de coches, centenares de carros tirados por burros y mulos, y familias a pie cargadas con sus provisiones, congestionan la carretera junto al pueblo de Jiya. Como cada año en estas fechas, son millares los que, en animada y polvorienta excitación, acuden a la romería islámica más importante del Xinjiang: la visita a la tumba del imán Asim. El ambiente es el típico de una romería, pero a nadie se le escapa que la jornada es una manifestación de afirmación nacional. Una gran pancarta oficial escrita en uigur recibe a la marea humana, con la advertencia, blanco sobre rojo y en grandes caracteres, de que El separatismo es la amenaza a la paz y al desarrollo de Xinjiang.

Hotan es el baluarte del tradicionalismo uigur. Antigua capital de un próspero emirato de la ruta de la seda, famoso por su jade, el distrito, de 1,2 millones de habitantes, mantiene la mayor población uigur (95%) de toda la región autónoma. La emigración china de etnia han está muy presente en la ciudad, de 250.000 habitantes, pero el oasis que atraviesan los peregrinos es un museo viviente de cultura campesina tradicional uigur. Los ríos formados por las nieves derretidas del Kun Lun riegan la región, dando lugar a una maravillosa explosión de vida, en la que la deslumbrante luz del desierto, el verde de los campos de cultivo, el olor de los frutales en flor y el rumor de las aguas en las acequias, aportan imágenes de una antigua felicidad. En el siglo XI el imán Asim trajo el islam a Hotan desde Arabia. La nueva fe se impuso con una guerra que enfrentó al janato de Kashgar con los budistas de Hotan.

El mausoleo se encuentra a unos 20 kilómetros de la ciudad, justo en el punto donde concluye el verdor y empieza el desierto. La romería mezcla feria, rezo, espectáculos, cánticos piadosos y competiciones de chelishish,la lucha tradicional. Una legión de mendigos, embaucadores y músicos místicos acompaña a la marea de peregrinos, llegados con la intención de pasar la noche durmiendo al raso. Entre el olor a cordero asado se percibe también cierta tensión, quizá por el control que policías uigures de paisano ejercen vigilando discretamente los discursos de los predicadores, el mensaje de los cantantes y la presencia del único extranjero. El islam es aquí algo teóricamente aceptado y protegido, pero intrínsecamente sospechoso. Su vínculo con la tradición local, tan diferente de la tradición china Han, laica y ecléctica, y su condición de ideología potencialmente alternativa a la del Partido Comunista, es la razón de la animadversión oficial hacia la religión. Los intentos de encauzarla con una política de religión recuerdan situaciones ya ensayadas, con éxito desigual, en el Asia Central soviética. En condiciones normales, la gente convive y acepta el tutelaje de una Administración atea y culturalmente ajena sobre la religión, pero el ambiente de la romería, festivo, piadoso y eléctrico a la vez, sugiere que las tensiones están a flor de piel.

La práctica de la religión es un inconveniente para la promoción profesional en Xinjiang y los jóvenes de menos de 18 años tienen prohibida la entrada en las mezquitas, una norma que se hace cumplir y que genera resentimiento. La justificación oficial es que a esa edad los jóvenes "deben estudiar y no rezar". En la sede de una antigua escuela coránica de Kashgar, en plena ciudad vieja, Abdul Hadji, un empleado de Correos, se encoge de hombros al comentar esa prohibición. "Si enseñamos a rezar a los niños en casa, ¿quién nos lo va a impedir?", dice. El lugar alberga hoy una Escuela del Partido, que parece puesta precisamente allí por razones educativas.Unas cuantas veces al año se celebran en esa escuela reuniones, "con discursos de los que nadie hace caso", explican los vecinos. El texto de la gran pancarta roja en caracteres chinos que preside la sala de reuniones resume la utopía oficial: Fomentar el amor al país como religión.Es decir, en lugar de religión, patriotismo chino.

Para que funcione el equilibrio entre el deseo oficial y el sentir real e íntimo de la gente, mucho depende de la mesura de las autoridades. Forzar las cosas en materia de religión es algo que subleva y concluye en la creación de estructuras religiosas alternativas, cuyo rastro es muy difícil de seguir en Xinjiang. Según el vicepresidente de la oficial Asociación Islámica de China, Hadji Shamsudin, en Xinjiang hay "algunas pseudomezquitas" cuyo real objetivo es preparar a terroristas y sembrar la discordia interétnica. "La firme y resuelta represión del Gobierno chino de esos actos ilegales ha garantizado la seguridad y contribuido a la campaña antiterrorista global", dice. En julio de 1995 la detención de varios imanes populares de Hotan dio lugar a protestas, pero el perfil del último incidente separatista conocido en Hotan (la detención de un tal Abudujelili Kalakash, que, según las autoridades chinas, confesó haber recibido un escáner, una cámara de vídeo y 3.000 euros para recoger información y realizar atentados) sugiere que el activismo ha remitido en los últimos años.

Según el profesor australiano Colin Mac Kerras, muchos uigures consideran la actual autonomía completamente falsa, pero estarían dispuestos a seguir en China si la autonomía fuera más real. Otros, por el contrario, aspiran a disponer de un Estado propio y están profundamente resentidos del dominio chino. Pero la idea de que cualquier resistencia sólo empeorará las cosas es, seguramente, el sentir más extendido entre unos y otros.