2a- sense notícies dels manuscrits d´Islam Ajun

Sin noticias de los manuscritos de Islam Ajun
2a
LV, 6-X-2004.

En los comercios de antigüedades del barrio de la gran mezquita de Hotan, nadie se acuerda de Islam Ajun. En el British Museum y en el Ermitage de San Petersburgo, se le conoce.Aprincipios del XIX, este vecino de la ciudad hizo méritos más que sobrados para ser recordado. Era la época en la que los aventureros y arqueólogos europeos descubrieron y saquearon las ciudades perdidas del desierto de Taklimakán, cuyas arenas ocupan el grueso de esta inmensa región de China de 1,6 millones de kilómetros cuadrados de extensión. Hace mil años los glaciares del Kun Lun se redujeron. Los ríos de los que dependía la vida en esas ciudades se secaron o perdieron vigor, y el desierto avanzó unos 100 kilómetros, cubriendo de arena decenas de ciudades y templos.

La sequedad preservó restos de asentamientos que habían sido florecientes hasta el siglo VIII y filtrado todo tipo de influencias persas, chinas, indias y helenísticas a lo largo de la ruta de la seda. Viajeros y arqueólogos como Sven Hedin, Aurel Stein, Albert von Le Coq, Paul Pelliot, Dmitri Klementz y Serguei Oldenburg, se llevaron a los museos de Europa un patrimonio fabuloso de manuscritos, frescos y objetos. De aquellas ciudades salían documentos escritos en todas las lenguas y alfabetos de Oriente, muchos de ellos ya desaparecidos.

Durante varios años, Islam Ajun surtió a buen precio centenares de manuscritos a George Macartney y Nikolai Petrovski, cónsules británico y ruso en Kashgar, que competían por la adquisición de obras de arte. Los documentos de Islam Ajun estaban escritos en un alfabeto desconocido a cuyo estudio dedicó años el orientalista August Rudolf Hörnle (1841-1918), un erudito del British Museum de origen alemán, capaz de descifrarlo todo. Muchas energías se consumieron hasta que Aurel Stein resolvió el misterio. Islam Ajun había inventado una escritura y fabricaba los documentos en un taller de Hotan. Su compinche Ibrahim sabía algo de ruso, lo que explicaba las influencias griegas que eruditos como Hörnle, habían detectado en aquel galimatías sin sentido.

Los manuscritos se confeccionaban sobre un papel fabricado en la ciudad, que era envejecido,ahumado y enterrado en la arena, hasta conseguir un aspecto soberbio.No fue fácil desenmascarar a Islam Ajun. Aquel pillo astuto, al que Stein describe como "hombre de gran inteligencia y sentido del humor", se resistió con todo tipo de argucias, pero al final confesó.

Un siglo después, los comerciantes de Hotan parecen la antítesis de Islam Ajun. Apenas se regatea. En esta ciudad, famosa desde la antigüedad por su jade, seda y alfombras, las cosas tienen un precio justo que ni siquiera parece variar para los forasteros, lo que marca un gran contraste respecto de la actitud comercial común entre los chinos.