el ruinós deliri de la (in)Cultura Pública

La generación de grandes eventos y la creación de contenedores culturales han formado parte del ADN del discurso político del PP en la Comunidad Valenciana desde 1995. La crisis, sin embargo, ha acabado con una dinámica que generó, entre otros, el Palau de les Arts (la ópera valenciana), obra de Santiago Calatrava; o la Ciutat de la Llum de Alicante, que pretendía ser la Cinecittà española. Y ha puesto en cuestión el futuro de museos como el IVAM de Valencia e incluso ha finiquitado eventos como la Mostra de Valencia.



Desde el área económica de la Generalitat Valenciana se advierte, al respecto, que "todo está en cuestión, todo es revisable". En un momento en el que ya se están cerrando camas en los hospitales, no se ha pagado la factura de las farmacias de agosto, la deuda financiera amenaza con paralizar servicios públicos y se está preparando un duro ajuste presupuestario para el 2012, es probable, incluso, "el cierre de algunos espacios de cultura". A pesar de eso, la consellera, Lola Johnson, afirma a La Vanguardia que tienen "todas las infraestructuras construidas y en funcionamiento por lo que los posibles recortes no afectarían a la programación".



No va a ser tan sencillo mantener los objetivos. El Palau de les Arts ha costado, hasta ahora, 382 millones de euros (en el proyecto original la previsión era de 84 millones). Su mantenimiento diario ronda los 10.000 euros, según fuentes de la ópera valenciana consultadas (casi 4 millones de euros al año). Estas cifran no incluyen servicios como seguridad o limpieza. Ni tampoco los costes financieros de la deuda generada, a la que se suma la de todos los edificios de las Ciutat de les Arts i les Ciències. Si se suma esto a la programación se calcula que la ópera valenciana cuesta 50 millones de euros al año, según fuentes del PSOE: la Generalitat aporta 25 millones y un millón el Ayuntamiento. Fuentes de la Conselleria de Economía afirman que para la temporada 2011-2012 "se podrá mantener la programación, pero no sabemos si será igual al año siguiente".

El caso de la Ciutat de la Llum de Alicante resulta, cuanto menos, curioso. Se construyó con la intención de atraer a las grandes producciones para generar negocio y hoy es una sociedad pública que debe pagar fortunas por las pocas películas que allí se ruedan. Su presupuesto de construcción era de 100 millones de euros y llevan gastados más de 170 millones. Pierde al año 22 millones y adeuda 130 millones; según datos de la Sindicatura de Comptes. Desde la Conselleria de Turismo defienden, sin embargo, que el proyecto de la Ciutat de la Llum es rentable: "Ha supuesto un impacto, según el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), de 369 millones de euros en la economía de la Comunidad Valenciana". Estas cifras se cuestionan desde Economia y se apunta a que será, con toda probabilidad, uno de los primeros espacios que podría cerrar sus puertas si se aplican los duros ajustes previstos en las empresas dependientes de la Generalitat...

El caso gallego es otro ejemplo de cómo las dimensiones de un proyecto acaban por pasarle una factura cuya cuenta todavía se desconoce en el marco de la crisis. La Cidade da Cultura, en el monte Gaiás de Santiago de Compostela, es un macroproyecto diseñado por el prestigioso arquitecto Peter Eisenman, que ya ha costado alrededor de 400 millones de euros y cuyo futuro uso sigue bañado por una niebla espesa. Hace sólo dos semanas, el consejero de Cultura gallego, Roberto Varela, anunciaba que la construcción del Palacio de la Ópera, perteneciente a este conjunto, no se iniciará "hasta dentro de dos o tres años", enésima vicisitud de un proyecto que arrancó en 1999, siendo presidente de la Xunta Manuel Fraga y que, tres administraciones y doce años después, ha visto inaugurados, en enero pasado, sólo dos de los edificios, la biblioteca y el archivo. El presupuesto inicial de la obra fue de 110 millones, cuando PSOE y BNG asumieron el gobierno de la Xunta, había alcanzado ya los 380 millones y ahora mismo, de nuevo bajo gobierno del PP, ya nadie espera que pueda completarse por menos de unos 550 millones. La Xunta ha tratado de convocar capital privado para que colabore en la finalización del proyecto, lo que obligará a que la gestión de la fundación permita un retorno de las inversiones y, por tanto, afectará a la programación. 

 La capital del Ebro intentó con la Expo del Agua de 2008 algo parecido a lo que Barcelona logró con los Juegos Olímpicos, primero, y el Forum, después: rescatar una zona degradada de la ciudad, el meandro de Ranillas, e integrarla en la nueva traza urbana. Entre los edificios permanentes construidos para la Expo, quizá los más controvertidos fueron el pabellón Puente, obra de la arquitecta iraquí Zaha Hadid, y la Torre del Agua, de Enrique de Teresa. En principio, Ibercaja se hizo con el edificio de Hadid y CAI con la torre de De Teresa para darles un uso acabada la feria. Sin embargo, a día de hoy, ambos siguen cerrados al público y con serias dudas sobre su futuro aprovechamiento. El Pabellón Puente se presupuestó en 61 millones y costó 88 millones - "lo mismo que el Gugenheim, pero no recibe ningún visitante", dice el PP aragonés-,y hasta 2012 no estará definido su uso futuro, según el concurso de proyectos convocado al efecto.

18-X-11, P. Vallín/S. Enguix, lavanguardia