´China y el final de partida afgana´, Zhu Feng

Desde que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, decidió empezar a retirar las tropas estadounidenses de Afganistán, el interés mundial por el papel que China desempeñará - si es que desempeña alguno-en la determinación del futuro de ese país asolado por la guerra ha aumentado. Al fin y al cabo, China no es un simple vecino del Afganistán, sino la potencia en ascenso más importante del mundo, una potencia mundial.

Si China se muestra dispuesta a contribuir a apuntalar el gobierno de Karzai, no procurará obtener ventaja inmediata alguna de la retirada de las fuerzas de Estados Unidos. Pero, a pesar de los miles de millones de dólares que China ha invertido en el desarrollo de los recursos naturales de Afganistán, resulta difícil verla emprender una política de intervención más amplia y activa en ese país.

Para los estrategas chinos realistas, cualquier apoyo a las medidas adoptadas por Estados Unidos para contribuir a poner fin a la insurgencia afgana deben formar parte de un pacto chino-estadounidense más amplio. China podría acceder a no perjudicar a Estados Unidos, cuando se retire, sólo si accede a reconsiderar sus ventas de armas a Taiwán o a renunciar a su compromiso de apoyar las reclamaciones sobre las islas Diaoyu/ Senkaku, cuya propiedad disputa China.

Afganistán está cargado de amenazas étnicas. Al denegar imprudentemente la petición de China de que extraditaran a los extremistas uigures para que se los juzgase en China, Estados Unidos dio muestras de escasa consideración para con una cuestión de la mayor importancia: la amenaza que representan los separatistas para la unidad que tanto le ha costado a China conseguir. Los uigures musulmanes de la provincia de Xinjiang fueron capturados en campos de entrenamiento de los talibanes y encarcelados en la bahía de Guantánamo junto con otros terroristas internacionales desde el 2002 hasta el 2009. China consideraba necesaria su extradición para socavar la comprensión internacional de que gozan quienes aspiran a conseguir la independencia uigur, pero en Estados Unidos hubo preocupación por las posibles violaciones de los derechos humanos en China y denegaron la extradición de los uigures.

Naturalmente, un Afganistán secular, estable y en el que reine el orden redundará tanto en beneficio de los intereses de China como de los del resto del mundo.

Una participación positiva de China en la cuestión de Afganistán dependerá en gran medida de si se libera de la predominante mentalidad de suma cero y facilita la retirada militar americana haciendo lo posible para estabilizar el país.

China puede ayudar fortaleciendo la decisión del ejército pakistaní de actuar con mayor energía para contener a los extremistas talibanes en su territorio, abrir las regiones fronterizas para ayudar al reabastecimiento de las fuerzas de la OTAN en Afganistán e invertir en las infraestructuras del país.

De hecho, las relaciones de China con el Pakistán han adquirido una mayor importancia recientemente a causa de las tensiones que ahora existen entre Pakistán y Estados Unidos.

El imperativo actual del gobierno de Obama es el de calibrar su reciente suspensión de cierta ayuda militar a Pakistán para lograr el máximo de influencia sin incitar al Gobierno a aproximarse aún más a los extremistas. Cooperando con Estados Unidos en Pakistán, China puede contribuir a proteger sus intereses en una enérgica campaña pakistaní contra los militantes en su territorio. Independientemente de las disputas de la época de Bush con los Estados Unidos sobre los prisioneros uigures en Guantánamo, China está en mejores condiciones para decir a sus amigos incondicionales en Islamabad que el de estabilizar Afganistán no es sólo un objetivo americano, sino también un fin importante para China.

La cooperación de China puede no ser esencial para derrotar a Al Qaeda y a otros militantes en Afganistán, pero lo será para hacer realidad una paz y estabilidad duraderas. No es probable que los intereses chinos y americanos en Afganistán estén jamás perfectamente alineados, pero las dos partes pueden y deben aprender a cooperar para su propio beneficio y el de la región.

El imperativo de China es el de ejercer su poder e influencia de un modo que armonice con Estados Unidos pese al generalizado desagrado entre los chinos por la posición de este país sobre diversas cuestiones, desde la de Taiwán hasta la de los mares del Este y del Sur de China.

4-IX-11, Zhu Feng, director adjunto del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de la Univ. de Pekín, lavanguardia