la viabilitat de l´Estat Afganistan, treball sísific

En los últimos dos meses, la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) ha invertido 67 millones de euros en formación de tropas afganas. "El reclutamiento de soldados ha pasado de 800 miembros mensuales en 2009 a los 6.000 actuales, con el objetivo de llegar a unas fuerzas (afganas) de 305.000 miembros", dijo ayer el general Josef Blotz, portavoz de la ISAF. La avalancha de datos enmarca el proceso de afganización,la estrategia que pretende devolver a los afganos la responsabilidad en la gestión de la seguridad en su propio país. El general Blotz recordó que el próximo julio las fuerzas afganas comenzarán a hacerse cargo de la seguridad en siete zonas del país. Se trata de siete regiones relativamente tranquilas. El traspaso coincidirá con el inicio del plan de retirada de tropas extranjeras, que actualmente ascienden a 150.000 efectivos.

Las cifras se suceden como una gota malaya: cada día, dos, tres o cuatro policías afganos son asesinados en su propio país. Los talibanes los consideran traidores. Los ven como fuerzas de ocupación. La lucha contra los policías formados por la coalición internacional refleja su lucha contra el infiel... Si hay que generar miedo, he aquí una fórmula".

En conversación con La Vanguardia,altos mandos militares ofrecen estos datos para ilustrar el estado de las cosas en el conflicto afgano. Las fuerzas internacionales tratan de abrirse paso en un entorno hostil: emboscadas en desfiladeros, IEDS (artefactos explosivos improvisados) en carreteras, ataques con kaláshnikov en los puestos avanzados, misiles sobre los patios de las bases, coches bomba que se lanzan contra vehículos policiales, atentados a las puertas de los cuarteles... "Los terroristas disparan contra el que entra o sale de una base internacional. O contra las colas que se forman al ir a alistarse. Si la víctima es un policía afgano, pues mejor. De esa manera, meten miedo...".

En Afganistán, el miedo se extiende sobre el desierto, o se contornea a lo largo de las avenidas arcillosas, o se escurre entre las casas de adobe. "Los afganos no vienen a insultarte, no te dicen lo que piensan. Cuando ven llegar a la patrulla, simplemente se cuelan en sus casas, en silencio. El peligro está donde menos te lo esperas", dicen estas fuentes.

Así, recuerdan, se desencadenó el atentado del 25 de agosto del año pasado, en la antigua base española de Qala-i-Naw: el miedo llegó en una oleada de vértigo, cuando el chófer del capitán de la base, "un hombre conocido, alguien que siempre estaba allí, alguien que también era un policía afgano, decidió ejecutarse, no sin antes asesinar a dos guardias civiles españoles y a su intérprete". "No sabemos aún si lo hizo por religión, o por qué motivo - continúan-.El caso es que aquel episodio complicó extraordinariamente las cosas".

Pese al miedo al riesgo evidente que corren, los policías afganos siguen alistándose. Hay un motivo: la renta per cápita anual de un afgano es minúscula. En cambio, Estados Unidos paga entre 170 y 200 euros mensuales a cada uno de los policías afganos. "De nada a eso, hay mucho".

Aún sobrecogidas por el miedo, policías conjuntas españolas y afganas patrullan las calles de Herat y Qala-i-Naw. Es una misión incierta, aunque imprescindible. Sin cooperación, no hay futuro. Sin una policía y un ejército propios, Afganistán no saldrá del atolladero. Pero primero hay que adiestrarlos. En los últimos cinco años, la Guardia Civil (en Afganistán, el cuerpo cuenta hoy con cincuenta unidades) ha formado cerca de 10.000 policías afganos.

Es un trabajo rocambolesco, se diría que iniciático. Salvo en Herat y en Kabul, los niveles de analfabetismo son muy elevados. "Apenas saben coger un bolígrafo. Primero hay que enseñarles a leer y a escribir. Luego aprenderán a saludar, a moverse, a disparar con el arma. Al final vendrán los cursillos para aprender cómo se hace un registro, o un control en una carretera...".

21-IV-11, S. Heredia, lavanguardia