traspās de poders, o fi de la il.lusiķ?

El presidente afgano, Hamid Karzai, lanzó ayer el proceso de "afganización" de la seguridad del país anunciando que la OTAN va a transferir este año a las fuerzas afganas el control de tres provincias y cuatro ciudades, un proceso que debe culminar en el año 2014.

Las zonas que se transferirán están consideradas relativamente seguras o próximas a bases importantes de la OTAN, y el éxito de esta operación será esencial en un país en el que, actualmente, casi el cien por cien de la seguridad está en manos de los 140.000 soldados de la OTAN desplegados.

Estas primeras zonas donde las fuerzas afganas deben asumir "la plena responsabilidad en seguridad" son la provincia de Kabul, a excepción del distrito de Surboi; Lashkar Gah, capital de la provincia de Helmad; las provincias de Panchir y Bamiyan; así como las ciudades de Herat, Mazar-i-Sharif y Mehtarlam.

El pueblo afgano "ya no quiere que otros detenten la responsabilidad de la seguridad", afirmó karzai, que últimamente ha cargado contra la OTAN acusándola de haber matado a más de setenta civiles estas últimas semanas en el este del país.

Tras el anuncio de la transferencia, un portavoz de los talibanes, Zabihullah Mujahid, advirtió que la insurgencia "no sólo no va a dejar de atacar estas ciudades y provincias, sino que va a redoblar sus ataques".

La aspiración de la OTAN de traspasar la seguridad del país al ejército y la policía afgana para el 2014 está siendo puesta en cuestión. El prestigioso instituto International Crisis Group advierte que las fuerzas de seguridad afganas "ofrecen una resistencia muy débil" a los talibanes y que la retirada de las tropas internacionales colocarán a Afganistán al borde de la guerra civil.

En Mazar-i-Sharif, donde la presencia de tropas extranjeras es ya muy discreta, a la gente no le hace mucha gracia la retirada de la OTAN. No tanto por la amenaza de los talibanes - que también, aunque quedan más o menos lejos-como por los ex mujaidines de la resietencia a los soviéticos reconvertidos en señores de la guerra.

"En Mazar la seguridad es buena, y es lógico que los afganos se hagan con la responsabilidad de la ciudad, pero el momento no es el mejor", afirmaba ayer el comerciante Mohammed Zarif Azimi.

"La noticia me inquieta. Si los soldados extranjeros se van, será la guerra", señalaba Gholam Nabi, taxista, que como muchos en la ciudad tiene una pobre imagen de la policía y el ejército afgano. "No están equipados, ni formados, y la mayoría no tienen educación", añade.

23-III-11, afp, lavanguardia