Pakistan publica falsos ´wikileaks´ per a desprestigiar l´Índia

La prensa de Pakistán se apresuraba anteayer a utilizar Wikileaks como munición contra India. No era para menos. Las líneas maestras de la propaganda oficial se veían corroboradas por supuestos cables de la embajada de EE. UU. El espionaje indio, según las revelaciones,estaba detrás de los talibanes pakistaníes de Waziristán o de los separatistas beluchis; los oficiales indios eran "malos combatientes", cuando no "genocidas". Pero la alegría duró poco en Rawalpindi, cuartel general del ejército pakistaní. Y la sensación de ridículo se fue extendiendo por las más importantes cabeceras del país, groseramente burladas. A las pocas horas, el diario británico The Guardian había dado el aviso de que el material publicado no constaba en el fondo de 250.000 cables de Wikileaks del que es depositario. Y ayer, The News o The Express Tribune tenían que pedir disculpas y admitir que las fuentes - una agencia on line ligada a la inteligencia pakistaní-eran "dudosas". Otro importante diario,

The Nation,no se molestaba en retractarse, como no lo hizo Jang (guerra), el más vendido de Pakistán, en lengua urdu. Al menos Dawn,el diario de referencia, no había caído en la trampa.

De cualquier modo, el material apócrifo no tiene desperdicio. Un general indio en Cachemira es descrito como "un genocida de musulmanes como Milosevic", mientras que otros generales aparecen como instigadores de grupos terroristas hindúes. Aunque los falsos telegramas no sirven para conocer la visión de EE. UU. sobre las disputas indo-pakistaníes, sí que retratan las obsesiones del núcleo duro militar. Para el pakistaní medio, acostumbrado a teorías conspiratorias, la realidad se parece mucho a lo que describen. Por si hubiera dudas sobre la autoría de estos falsos wikileaks,el jefe de la inteligencia pakistaní, ISI, merece los mayores elogios. Pero las auténticas filtraciones de Wikileaks recogen cómo el jefe del ejército y antiguo jefe del ISI, Parvez Kayani, hace unos meses no dudó en movilizar a los medios contra el proyecto de EE. UU. de dedicar más dinero a ayuda civil y menos a ayuda militar, como una injerencia inadmisible que debilitaba al país. Y lo logró.

Entre los telegramas diplomáticos confidenciales divulgados hasta ahora había llamado la atención que la preocupación de EE. UU. por la seguridad del arsenal nuclear pakistaní es mucho mayor que la manifestada en público. Pues bien, los falsos wikileaks se vengan, sembrando dudas sobre el arsenal indio, "en un 80% en territorio maoísta". Y presentan al fundamentalismo hindú como mucho más peligroso que el que está desangrando Pakistán. Islamabad ha demostrado que hasta un falso wikileaks puede merecer portadas. Pero la credulidad tiene un límite.

11-XII-10, J.J. Baños, lavanguardia