fer l´amor, penat amb tortura i execució

Bibi Sanubar, una afgana viuda y embarazada de 35 años, recibió 200 latigazos antes de ser ejecutada con tres disparos a la cabeza - y en público-por los talibanes, que la acusaron de adulterio, según fuentes policiales de Afganistán. Un portavoz de los talibanes desmintió la información.

Los hechos, que recuerdan los años más negros del poder talibán, ocurrieron anteayer en el remoto distrito de Qades, bastión de los insurrectos, en la provincia de Badguis, noroeste de Afganistán. según Abdul Jabar, de la policía provincial.

"Ocurrió todo en público, pero nadie denunció los hechos", lamentó Jabar. Algo que indica el temor a los radicales y también unas convicciones retrógradas sobre la mujer y las relaciones sexuales.

Jabar no precisó desde cuándo Sanubar era viuda. El hombre con el que presuntamente mantenía relaciones y con el que quería casarse huyó a Irán. Fue entonces cuando los talibanes la detuvieron durante tres o cuatro días antes de ser asesinada. Una fuente indica que previamente a la ejecución fue obligada a abortar, extremo que no confirmado.

La víctima fue asesinada por un comandante talibán local y su cuerpo fue lanzado en una zona controlado por fuerzas afganas, siempre según la policía local.

El portavoz de los talibanes, Qari MoYusuf Ahmadi, desmintió a las agencias internacionales de noticias cualquier implicación de los suyos en la ejecución: "No hemos hecho nada similar ni en Badguis ni en ninguna otra provincia", y acusó a "la propaganda de los medios occidentales".

Ante estas versiones opuestas, hay que tener en cuenta que el movimiento insurgente talibán no es homogéneo. Algunos grupos actúan de forma autónoma, al margen de una línea que quizá de momento pretende aparentar algo de civismo. Además, los talibanes, el Gobierno de Kabul y las fuerzas extranjeras están implicados en una batalla propagandística para ganarse a los civiles.

La comisión afgana independiente de Derechos Humanos denunció la ejecución y recordó que en el país "hay tribunales para tratar este tipo de casos". Palabras que revelan las carencias de Afganistán. En una democracia, las relaciones sexuales consentidas entre adultos son libres.

Pese a todo, la ejecución de Sanubar recuerda los tiempos del régimen talibán (1996-2001), que impuso lapidaciones y flagelaciones públicas a los adúlteros.

Y no hay que olvidar que los talibanes defienden una aplicación rigorista de la ley islámica. Desde el poder cortaron manos a los culpables de robo. Y, no tan lejos, en diciembre pasado, fueron decapitados seis espías en Oruzgan. Los talibanes consideran espías a todo el que trabaja a sueldo de las fuerzas internacionales o a los que defienden posiciones menos radicales que las suyas, incluso en sus propias filas.

10-VIII-10, red/agcs, lavanguardia