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La historia es materia sensible siempre. También en el ámbito escolar, como pone de manifiesto el polarizado debate sobre su contenido en los libros de texto en el Estado norteamericano de Texas. Un lugar en el que la historia, desde la guerra civil, el tráfico de esclavos o el maccarthismo, aún divide las opiniones de ciudadanos y políticos. No es algo exclusivo, en casi cualquier lugar del planeta suceden cosas así. Lo peculiar del debate de Texas es que la decisión sobre el programa de historia que se enseñará en las escuelas depende de una comisión que está constituida por criterios completamente políticos. Su composición reproduce la relación de fuerzas entre republicanos, la mayoría, y demócratas, lo que convierte el debate escolar en una batalla política de difícil solución. Sin duda el caso de Texas es un buen ejemplo de cómo no deben hacerse las cosas en un ámbito tan relevante del funcionamiento de la sociedad como es el de la educación de los niños.

Que la educación es política -en España y en Estados Unidos- no es ninguna novedad. Pero en algunos lugares lo es más que en otros. Texas acaba de aprobar los programas escolares para las materias de ciencias sociales tras meses de debate entre conservadores y progresistas sobre qué deben aprender los niños y adolescentes de este estado de casi 25 millones de habitantes.

 

La adopción del programa que regirá en los próximos diez años en las escuelas públicas ha reavivado lo que aquí llaman las guerras culturales que han dividido a EE.UU. en cuestiones como religión o valores. Y ha evidenciado que, en este país polarizado y cada vez más diverso, no es fácil hallar un relato común sobre la historia y la identidad nacional.

Durante meses, Texas ha debatido sobre la guerra civil, el maccarthismo y la caza de brujas, los movimientos sociales y las minorías y la separación de la Iglesia y el Estado. ¿Conviene comparar, en pie de igualdad, los discursos inaugurales de Abraham Lincoln y su homólogo en la Confederación esclavista, Jefferson Davis? ¿El tráfico de esclavos debe denominarse por su nombre o "comercio triangular del Atlántico"?

"La historia está viva, no es algo viejo y olvidado", explica Keith Erekson, profesor de historia de la Universidad de Texas en El Paso. La particularidad de Texas es que los programas escolares no los deciden expertos, ni profesores, sino políticos. El Consejo Educativo del estado lo forman 15 miembros electos en las urnas, 10 republicanos y 5 demócratas. El programa se adoptó por 9 votos a 5 (uno de los miembros estaba ausente).

La izquierda y las minorías acusan a los republicanos y a la derecha religiosa -que domina el consejo- de haber diluido el papel de los líderes de las minorías (afroamericanos e hispanos) y de haber introducido valores bíblicos y conservadores en el programa.

El texto adoptado obliga a estudiar con detalle el "resurgimiento conservador" de los años 80 y 90, incluido el papel de instituciones como la Asociación Nacional del Rifle. Otra de las quejas es que el programa incluye el estudio de la música country (asociada a los blancos), pero no del hiphop, o el acento en la historia de los estados (esclavistas) del sur.

"Hacemos un flaco favor a los niños si les protegemos de la verdad, sólo porque algunas personas creen que es dolorosa o que no se adapta a sus puntos de vista particulares", se quejó Arne Duncan, el secretario de Educación de la Administración Obama.

El viernes, antes de la votación, Cynthia Dunbar, una de las voces más conservadoras del Consejo Educativo, dijo que Estados Unidos es "un país cristiano gobernado por los principios cristianos".

"Nadie puede leer la historia de nuestro país sin darse cuenta de que el Buen Libro y el espíritu del Salvador han sido desde el principio nuestra guía", añadió. Los conservadores creen que era necesaria una corrección tras años de supuesto dominio progresista en la educación pública.

"Lo que se está creando es el plano de un edificio, que afectará a todo el sistema educativo", opina Erekson. El programa contiene los conocimientos que se requerirán en los exámenes, y también define el contenido de los libros de texto. "Lo más preocupante es que se han olvidado de la educación. Debate sobre una lista de nombres. Pero aprender de memoria una lista no es educación", afirma el citado profesor.

Dadas las dimensiones de este estado -el segundo más poblado y extenso de EE. UU.-, es habitual que las editoriales utilicen para el resto del país los manuales que editan para Texas. Este estado marca, en parte, los programas educativos no sólo de Texas, sino de toda la Unión.

En un Estado federal como Estados Unidos, la educación está descentralizada, y cada estado pone el acento en sus particularidades. No siempre son las de todo el país. En abril estalló una polémica cuando el gobernador de Virginia proclamó que aquel sería "mes de la historia confederada", sin aludir al esclavismo. Después lo corrigió.

23-V-10, M. Bassets, lavanguardia