retalls de premsa-1

-en ordre cronològic-

Membres de les comunitats uzbeka i kirguís s´estan enfrontant als carrers de la ciutat d´Osh, on la gent ha començat a aixecar barricades, segons han informat fonts presencials. Nombrosos habitatges privats i cases de te han estat incendiades i s´han escoltat trets en un barri uzbek densament poblat d´aquesta ciutat del sud del Kirguizistan.

"El barri de Cheryomushki, habitat per uzbeks, està cremant", ha declarat per telèfon una reportera de Reuters. "Han esclatat enfrontaments entre kirguises i uzbeks i moltes persones estan construint barricades", ha afegit.

Els enfrontaments es produeixen hores després que com a mínim 23 persones morissin i 338 més resultessin ferides com a conseqüència dels enfrontaments registrats aquesta matinada a la ciutat, la segona més important del Kirguizistan.

El Govern interí del Kirguizistan ha enviat vehicles blindats de l´Exèrcit i ha declarat l´estat d´emergència a Osh a causa dels enfrontaments, que van començar ahir a la nit entre diversos grups juvenils al centre de la ciutat. L´executiu ha descartat aquest matí que es tractés d´un enfrontament ètnic o polític.

Des de la independència del Kirguizistan el 1991, s´han produït disturbis ètnics entre la majoria kirguiza i les minories tayikas i uzbekes que viuen al sud del país, una zona predominantment agrícola i tradicional bastió de l´expresident Kurmanbek Bakíev. L´exmandatari va ser enderrocat el mes d´abril passat en una revolta popular incitada per l´actual govern a la capital del país, Bixkek.

A mitjans del mes de maig passat, els partidaris del president deposat van organitzar protestes a gran escala a Osh i en una altra ciutat del sud del país, Jalalabad, arribant fins i tot a ocupar edificis governamentals.

El 19 de maig també es van produir disturbis ètnics entre kirguises i uzbeks que van provocar la mort de dues persones i van deixar 74 ferits a Jalalabad. Aquest mateix dia, la presidenta, Rosa Otunbayeva, anunciava que estaria en el càrrec fins al 2011, rebutjant les seves intencions prèvies de convocar eleccions presidencials a l´octubre.

11-VI-10, reuters/ep, vilaweb

La presidenta del Gobierno interino de Kirguistán, Rosa Otunbayeva, ha reconocido este viernes que los disturbios registrados en las últimas horas en la ciudad de Osh, en el sur de su país, son el resultado de un conflicto étnico entre kirguises y uzbekos.

   "Seamos conscientes de que es un conflicto entre dos etnias. Necesitamos fuerzas y recursos para frenar y enfriar a la muchedumbre", declaró Otunbayeva, citada por la agencia rusa RIS Novosti.

   Al menos 23 personas murieron y otras 338 resultaron heridas como consecuencia de los enfrentamientos registrados esta madrugada en la ciudad, la segunda más importante de Kirguistán. En un primer momento, el Gobierno interino descartó que se tratase de un enfrentamiento étnico o político.

   Posteriormente, la corresponsal de Reuters informó de enfrentamientos entre uzbekos y kirguises en las calles de Osh, donde la gente había empezado a levantar barricadas, y aseguró que se habían oído disparos y habían ardido edificios en el barrio de Cheryomushki, habitado por uzbekos.

   Según la presidenta, la tarea prioritaria de las fuerzas de seguridad es detener a las multitudes que se dirigen hacia Osh. La situación en otra provincia del sur de Kirguizistán, Jalalabad, donde también vive una amplia comunidad uzbeka, es "por ahora tranquila", según el Gobierno

   Otunbayeva ha denunciado que en varias partes de Kirguistán, incluida la capital, se están registrado actos de "propaganda" cuyo objetivo es "abortar el referéndum" convocado por el Gabinete provisional para legitimar su poder y allanar el camino a las elecciones.

   Desde la independencia de Kirguistán en 1991, se han producido disturbios étnicos entre la mayoría kirguís y las minorías tayikas y uzbecas que viven en el sur del país, una zona predominantemente agrícola y tradicional bastión del ex presidente Kurmanbek Bakiyev. El ex mandatario fue derrocado el pasado mes de abril en una revuelta popular incitada por el actual gobierno en la capital del país, Bishkek.

   A mediados del pasado mes de mayo, los partidarios del presidente depuesto organizaron protestas a gran escala en Osh y en Jalalabad, llegando incluso a ocupar edificios gubernamentales. El 19 de mayo también se produjeron disturbios étnicos entre kirguises y uzbecos que provocaron la muerte de dos personas y dejaron 74 heridos en Jalalabad. Ese mismo día, Otunbayeva anunciaba que permanecería en el cargo hasta 2011, desechando sus intenciones previas de convocar elecciones presidenciales en octubre.

11-VI-10, ep

Violentos enfrentamientos entre jóvenes kirguís y grupos de la minoría uzbeka dejaron ayer al menos 37 muertos y más de 500 heridos en la ciudad de Osh. El gobierno provisional de esta ex república soviética de Asia Central no ha podido llevar la calma al país desde que en abril ocupara el poder tras los disturbios que derrocaron a Kurmanbek Bakiev. Las autoridades movilizaron ayer al ejército y declararon el estado de emergencia en la ciudad.

12-VI-10, G. Aragonés, lavanguardia

El desbordado gobierno provisional de la ex república soviética de Kirguistán pidió ayer ayuda a Rusia para acabar con los violentos enfrentamientos étnicos del sur del país. La presidenta en funciones, Roza Otunbayeva, solicitó soldados de elite al presidente ruso, Dimitri Medvedev, tras consultar con el primer ministro, Vladimir Putin. De momento, sin embargo, el Kremlin no movilizará sus tropas, dijo la portavoz presidencial, Tatiana Timakova. Aun así, Rusia ha ofrecido ayuda humanitaria y asistencia para evacuar población. Oficialmente, los muertos superan los 60 y los heridos los 850. Osh está cerca de la frontera con Uzbekistán. La minoría uzbeka, que se concentra sobre todo en esa región, representa el 14,4% de los 5,3 millones de kirguises. No está claro si el componente étnico es el único que ha encendido la violencia. El sur de Kirguistán era el feudo del ex presidente Kurmanbek Bakiev, expulsado del poder en abril tras sangrientas revueltas en Bishkek. Otunbayeva acusó ayer a sus partidarios de organizar los disturbios para interrumpir el referéndum constitucional previsto el próximo 27 de junio. EE. UU. y Rusia tienen sendas bases militares en el país.

13-VI-10, G. Aragonés, lavanguardia

La ciudad de Osh, centro de riqueza hace siglos cuando era paso obligado en la mítica ruta de la seda, se quema estos días por los cuatro costados.

El sur de Kirguistán, la más pequeña y pobre de las cinco ex repúblicas soviéticas de Asia Central, se halla fuera de control. Cerca de 75.000 personas han huido este fin de semana de la región y se han refugiado en Uzbekistán.

Los enfrentamientos entre grupos de jóvenes kirguises y la minoría uzbeka comenzaron en la noche del pasado jueves en Osh. Comercios, cafeterías y otros negocios han sido destruidos, y ayer la ciudad todavía estaba sumida en el caos. El número de muertos supera al centenar y los heridos se acercan a los 1.300. La violencia étnica llegó ayer hasta la ciudad de Jalalabad y varias poblaciones vecinas. Dos pueblos habitados por uzbekos, Suzak y Dostuk, podrían haber quedado arrasados después de que un tumulto de hombres armados quemara y matara a una treintena de personas. Fuentes militares en la capital kirguís, Bishkek, no podían concretar ayer lo ocurrido.

El conflicto étnico no es nuevo en la región. Hace veinte años, poco antes de la disolución de la URSS y con una situación económica catastrófica, kirguises y uzbekos se enfrentaron por el control de la tierra. Cientos de personas murieron. Los actuales son los disturbios más graves desde entonces.

Pero no está claro si el componente étnico ha sido el único motivo que ha hecho brotar esta vez la violencia en Osh. La región del sur era el feudo del ex presidente del país Kurmanbek Bakiyev, expulsado del poder el pasado abril tras violentas revueltas en Bishkek. Además, cuando comenzaron los primeros enfrentamientos se iniciaba en la capital de Uzbekistán, Tashkent, la última cumbre del Grupo de Shanghai, a la que asistían los presidentes de algunos de los principales actores globales en Asia Central, como Rusia y China.

La presidenta en funciones, Roza Otunbayeva, acusó a los seguidores de Bakiyev de estar detrás de las revueltas. Ayer el ex presidente, refugiado en Bielorrusia, negó haber tenido algo que ver, llamó a la calma y acusó a los nuevos gobernantes de ser incapaces de proteger a la población.

La situación inestable del sur pone, de hecho, en entredicho la capacidad del gobierno provisional para controlar el país. El próximo 27 de junio está previsto votar la nueva Constitución y habrá elecciones parlamentarias en octubre. El Ejecutivo en funciones ha decretado el estado de excepción y ha enviado carros blindados, soldados y helicópteros. Otunbayeva ordenó disparar a matar contra los grupos armados.

Osh, enclavada en el valle de Fergana, que Kirguistán comparte con Uzbekistán, tiene 250.000 habitantes. Cerca de la frontera, es una ciudad multiétnica, en la que conviven en igual número uzbekos y kirguises. Los uzbekos son, sin embargo, una etnia minoritaria en Kirguistán: el 14% en una población de 5,3 millones.

Rusia envió ayer cientos de militares a Kirguistán pero, como ya explicó el Kremlin el sábado pasado al gobierno provisional kirguís, no irán al sur del país para intentar frenar el actual conflicto étnico que sufre la región. Su misión es proteger las instalaciones militares rusas en ese pequeño país de Asia Central.

Según una información de la agencia Interfax que citaba una fuerza de seguridad, un batallón de paracaidistas rusos llegó ayer al país. Aunque el batallón ruso normalmente está compuesto de 400 hombres, se trata de un "batallón de refuerzo", y como tal podría ser mayor. Una fuente del Ministerio de Defensa de Kirguistán confirmó al diario electrónico www. 24. kg la llegada de tres aviones Il-76 a la base aérea rusa de Kant.

El ministro de Defensa en funciones de Kirguistán, Ismail Isakov, volvió ayer a pedir ayuda a Rusia. Aseguró que las fuerzas especiales de Moscú podrían terminar con el conflicto rápidamente. El presidente ruso, Dimitri Medvedev, prometió el sábado convocar una reunión de los países firmantes del tratado de Seguridad Colectiva, que agrupa a varias ex repúblicas soviéticas, entre ellas Rusia y Kirguistán.

Kirguistán es un territorio de gran importancia estratégica en la región. China, Rusia y Estados Unidos tienen intereses en la zona. Los dos últimos países disponen también de sendas bases militares, aunque se encuentran en el norte, cerca de la capital, Bishkek, a unos 300 kilómetros de los disturbios de Osh.

La base americana, Manás, es un nudo fundamental para el ejército de Estados Unidos, ya que desde ella se envían provisiones y personal a Afganistán. Su continuidad se ha puesto en entredicho varias veces en los últimos años. La última el pasado mes de abril, cuando la oposición, ahora en el poder, expulsó tras sangrientas revueltas al ex presidente Kurmanbek Bakiyev.

14-VI-10, G. Aragonés, lavanguardia

Sin constancia de que la violencia entre la mayoría kirguís y la minoría uzbeka haya disminuido, las autoridades de la ex república soviética de Kirguistán comenzaron ayer a evacuar de la ciudad de Osh a los heridos y a quienes se han quedado sin techo en cuatro días de matanzas étnicas. Mientras los incendios seguían arrasando la segunda ciudad de este país de Asia Central, el número oficial de muertos es de 124 y el de heridos 1.500. Aunque los uzbekos son una minoría (14,4 %) en el conjunto de Kirguistán (5,3 millones de habitantes), en el sur del país uzbekos y kirguises están a la par.

Y en Osh, a sólo cinco kilómetros de la frontera con Uzbekistán, su presencia es importante. Los choques entre los dos grupos no son nuevos. Los pogromos más sangrientos se produjeron en 1990, cuando la lucha por la tierra dejó centenares de muertos. Tras la huida de miles de personas, Osh era ayer una ciudad desierta. La mayoría de las tiendas y bazares han sido destruidos.

El suministro de gas se ha interrumpido y en algunos barrios no hay ni luz ni agua. Según la agencia electrónica de noticias www.24.kg, el gobierno en funciones de Kiguistán envió desde la capital, Bishkek, un avión para evacuar a 700 personas, aseguró el director de la Agencia estatal de Aviación, Alexander Nastaev. Cientos de personas se reunieron ayer en la plaza central de Osh para tomar un autobús y llegar al aeropuerto. Nadie se atrevía a ir solo. Unos 950 extranjeros, sobre todo rusos, indios, pakistaníes y africanos han sido evacuados de la zona de conflicto, informó el Ministerio del Interior kirguís.

La crisis del sur de Kirguistán se ha contagiado aUzbekistán, el país vecino, enel que se han refugiado miles de personas. El Gobierno de Tashkent activó un dispositivo de ayuda que en tres días permitió acoger a unas 80.000 refugiados, dijo ayer la representante del Comité Internacional de la Cruz Roja, Anna Nelson, a la cadena CNN. Según las autoridades uzbekas, hay 45.000 personas en campos de refugiados. Pero la situación les ha desbordado y ayer decidieron cerrar la frontera. "No tenemos sitio para acomodarles ni capacidad para ocuparnos de ellos", reconoció el viceprimer ministro uzbeko, Abdullah Aripov.

El líder del Centro Nacional Uzbeko de Kirguistán, Jalahitdin Jalilatdinov, aseguró que hay otros 100.000 refugiados que esperan entrar en Uzbekistán. Las esperanzas de terminar con el conflicto se ponen fuera del país. Especialmente, en lo que pueda hacer Rusia. Aunque el Kremlin se ha negado hasta el momento a intervenir, ayer se reunió de urgencia en Moscú la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), que agrupa a siete ex repúblicas soviéticas: Armenia, Bielorrusia, Kazajstán, Kirguistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán.

Su propuesta es prestar ayuda técnica al ejército kirguís, y tal vez luego vendría una intervención de los aliados rusos. "La OTSC tiene todo lo necesio para actuar en estas situaciones, incluyendo un contingente para mantener la paz", aseguró su secretario general, Nikolai Bordyuzha. "Pero debemos pensarlo bien antes de usar estas medidas, y lo más importante es usarlas como parte de un todo", dijo, sin dar detalles. En una reunión con el presidente ruso, Dimitri Medvedev, Bordyuzha explicó que las autoridades kirguises "tienen suficiente personal, pero les falta tecnología, helicópteros y medios de  transporte terrestre".

15-VI-10, G. Aragonés, lavanguardia

La presidenta en funciones de Kirguistán, la pequeña república ex soviética de Asia Central que se ha teñido de sangre en los últimos cinco días, aseguró ayer que no necesita fuerzas extranjeras para controlar el brote de violencia que ha causado hasta ahora 170 muertos y 1.750 heridos. Roza Otunbayeva, que dirige el país desde que otra revuelta expulsó al ex presidente Kurmanbek Bakiyev en abril, pidió el fin de semana ayuda militar a Rusia para frenar los choques entre kirguises y uzbekos. Otunbayeva aseguró ayer que la violencia remite y que la situación está bajo control.

Pero si la crisis de seguridad se rebaja, no sucede lo mismo en el plano de los refugiados que, al contrario, aumentan. Después de la alerta del lunes del Comité Internacional de la Cruz Roja, ayer lanzó la voz de alarma la mismísima ONU. Su agencia para los refugiados, Acnur, que está organizando el envío de provisiones de emergencia desde Dubái a los miles de refugiados que y están en Uzbekistán, advirtió ayer que el número de personas que ha abandonado sus hogares podría ascender a 250.000.

Los líderes de la minoría uzbeka han explicado que miles de refugiados se han quedado sin alternativa después de que Uzbekistán cerrara el lunes la frontera. Varias informaciones hablan de cadáveres amontonados en mezquitas inaccesibles. "Hemos constatado enterramientos en cementerios de más de cien cuerpos sin que hayan pasado por el depósito de cadáveres, por lo que no se han contabilizado. Además, están los cadáveres que yacen en las calles", explicaba el lunes desde Ginebra (Suiza) Pascale Meige Wagner, jefa de operaciones en Asia Central y Europa Oriental de la Cruz Roja.

La violencia en Kirguistán comenzó en la noche del jueves pasado en Osh, la principal ciudad del sur del país. La oficina de la alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Navi Pillay, concluyó ayer que la mecha la encendieron cinco ataques coordinados. "Tenemos indicios de que este suceso no fue un enfrentamiento espontáneo entre etnias, sino que hasta cierto punto fue orquestado, dirigido y bien planeado", aseguró su portavoz, Rupert Colville, en Ginebra. Su oficina ha recogido testimonios de testigos de los ataques y las matanzas, que incluye a personal de la ONU en Kirguistán.

El gobierno provisional del país también rechazaba días atrás que se tratase simplemente de pogromos interétnicos. En primer lugar, el sur del país es el feudo de Bakiyev. El número dos del gobierno interino, Almazbek Atambayev, ha asegurado que grupos afines al ex presidente intentan impedir el referéndum constitucional del 27 de junio.

En esta línea, el hijo de Bakiyev, Maxim, fue retenido ayer en el Reino Unido, donde pidió refugio político. Según la BBC, Maxim Bakiyev voló en un avión privado hasta el aeropuerto de Farnborough. El Gobierno de Bishkek, que le acusa de financiar los disturbios, ha pedido su extradición. Otunbayeva aseguró que el referéndum y las elecciones de octubre se celebrarán, lo que coincide con las recomendaciones de la ONU y la UE.

16-VI-10, G. Aragonés, lavanguardia