´Comisión de desinvestigación´, Isabel Garcia Pagan

Una máxima cartesiana sostiene que para investigar la verdad es preciso dudar, en cuanto sea posible, de todas las cosas. Nada más lejos de la comisión que arranca hoy en el Parlament para aclarar si entre los abusos de Fèlix Millet al frente del Palau de la Música también está el de facilitar una supuesta financiación irregular de Convergència i Unió. Por mucho que se revistan de llamamientos a la responsabilidad, el rigor y el sentido institucional, esta y las catorce comisiones de investigación anteriores creadas en la historia de la Cámara catalana han tenido un objetivo menos noble que el de buscar sólo la verdad.

Se trata de enfangar que algo queda, preferiblemente, en este caso, si las elecciones están a la vuelta de la esquina. Los impulsores de una comisión de investigación, antes y ahora, marcan el objetivo y apuntan. De la pericia de los parlamentarios dependerá que acierten en el blanco previsto o que acaben trasquilados. Y quien esté en el punto de mira, no tendrá suficiente con decir solamente la verdad, deberá demostrar la causa de la falsedad, ono, de la sospecha. Que le pregunten a Joan Saura.

El resultado final siempre acaba sometido a un pacto político. La investigación sobre los informes y estudios de opinión supuestamente manipulados se saldó en el 2003 con una sola sesión y la dimisión de David Madí. El lío de los informes sigue vivo y hasta la Conselleria d´Economia de Antoni Castells ha reconocido que el tripartito había encargado informes inútiles. En el 2005 llegó la comisión por el hundimiento de un túnel del metro en el Carmel. La cosa se envenenó con la insinuación de Pasqual Maragall de que CiU cobraba comisiones del 3% a los adjudicatarios de contratos de la Generalitat. Cinco años después ese porcentaje vuelve a la actualidad de la mano del sumario del caso Pretoria con los ayuntamientos metropolitanos del PSC de por medio. Pero las conclusiones técnicas de la comisión... La Sindicatura de Comptes sigue sin encontrar quien la escuche y la Oficina Antifrau avanza a trancas y barrancas. Y por las conclusiones de la comisión por el incendio de Horta de Sant Joan protestan ahora los bomberos.

El Parlament puede ofrecer el espectáculo televisado de la humillación pública de Millet. Eso que no se ha logrado por la vía judicial. Para el resto, quedará poco margen y muchas dudas. CiU sufrirá los azotes del tripartito en sus carnes, pero no se arredra y ya busca una piedra en el camino del PSC. Quizás ayude una querella del fiscal por el hotel junto al Palau que -para beneficio de algunos y perjuicio de muchos- pudo ser y no será. El Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat recalificaron los terrenos. Ya se sabe, quien busca la verdad corre el riesgo de encontrarla. Aunque se tope con alguna que no estaba prevista.

8-VI-10, Isabel Garcia Pagan, lavanguardia