(Estatut en el TC:) ´Un mal viaje´, Francesc-Marc Álvaro

Entre el cielo y el suelo, como cantaba Mecano hace un puñado de años. Entre el cielo y el suelo seguimos los catalanes, gracias al Tribunal Constitucional, órgano encargado de dictar una sentencia sobre el Estatut, tarea que parece más imposible que nunca después del intento fracasado de la semana pasada, el quinto ya. El president Montilla exige la renovación del TC mientras Artur Mas propone que el Parlament recuse a los cuatro magistrados que tienen el mandato caducado. El espectáculo es literal y doblemente histórico: nunca hasta hoy, en los años que llevamos de sistema democrático desde 1977, una ley orgánica del rango del Estatut catalán (aprobada por el Parlament, las Cortes españolas y el pueblo catalán en referéndum) ha estado al albur de lo que falle el TC y tampoco nunca este TC ha presentado una avería tan escandalosa, incumpliendo sus propias reglas de funcionamiento y atrapado agónicamente en la misma lógica partidista que determina y organiza su composición.

Sin credibilidad, este alto órgano político del Estado debe emitir un fallo político del que depende nada más y nada menos que el único problema colectivo de la historia de España que la democracia no ha cerrado a satisfacción de todas las partes. Diez magistrados que encarnan la España A yla España B, algunos de los cuales en tiempo de prórroga, tratan de pergeñar una sentencia que meta en cintura la ley de leyes de Catalunya.

¿Renovar todo el TC? ¿Recusar a los magistrados caducados? Todo esto es especular sobre la mecánica del vehículo cuando el auténtico debate versa sobre el mal viaje emprendido. Cualquier sentencia sobre el Estatut tendrá un efecto cuya importancia - también histórica-no parece que hayan calibrado ni el PP ni el PSOE: el pueblo catalán - que constitucionalmente existe (al menos por defecto) pues fue llamado a consulta dentro de unas reglas de juego inequívocamente constitucionales-será eliminado de un plumazo por los intérpretes máximos de la Constitución de 1978. Se darán así tres vueltas de tuerca sobre la existencia de los catalanes como"nacionalidad", por decirlo con palabras de la misma Carta Magna. No es sólo que los catalanes carezcamos de soberanía plena (lo cual sabemos desde el momento en que Catalunya es "comunidad autónoma" y "la soberanía nacional reside en el pueblo español") es que, además, dejaremos de ser mínimamente reconocidos como sujeto colectivo por el Estado que sostenemos.

El autonomismo será -está siendo ya- la primera víctima del TC. La segunda víctima del TC será la ilusión federalista que el PSC sigue mostrando a modo de solución para España, una receta que el PSOE nunca se ha tomado en serio. Ni autonomismo ni federalismo. ¿Qué queda sobre la mesa? Una España más unitaria, más centralista, más jacobina y más asimilacionista. Y un independentismo catalán (más arraigado de lo que parece y menos eficaz de lo que pretende) que crece gracias, entre otros factores, al TC.

19-IV-10, Francesc-Marc Álvaro, lavanguardia