(terror a) Txetxnia, el Cucas... i la Rssia de Putin

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El Cáucaso vuelve a centrar la atención internacional con el atentado perpetrado ayer en Moscú. Esta acción terrorista ha sido la más grave de las registradas en la capital rusa desde hace seis años, y el Gobierno ruso no ha tardado en situar el origen del atentado en el Cáucaso norte, desde Chechenia hasta Daguestán e Ingushetia, donde Moscú hace frente a un movimiento insurgente.

Poco parece haber cambiado en el Cáucaso norte desde que en el siglo XVIII el historiador y literato inglés Edward Gibbon calificó la región de "teatro de la guerra perpetua". Decenios después, en 1814, el gobernador ruso del Cáucaso advirtió al zar Alejandro I que los chechenos, "con su ejemplo de independencia", podían "contagiar su espíritu rebelde incluso a los más leales pueblos del imperio".







Lev Tolstoi, basándose en su propia experiencia como soldado en las guerras del Cáucaso, escribió: "Ningún checheno habla de odio hacia los rusos. El sentimiento compartido por todos los chechenos, de los más jóvenes a los más viejos, es mucho más fuerte que el odio". Y Alexander Solzenitsin caracterizó en su Archipiélago Gulag a los diferentes pueblos con los que le tocó vivir en sus años de prisión. Y del pueblo checheno escribió: "Había una nación que no se dejaba dominar por la psicología del sometimiento, y no se trataba de individuos, de rebeldes, sino de la nación en su conjunto. Ningún checheno en ninguna parte trataba jamás de satisfacer o gustar a los jefes. Por el contrario, siempre se mostraban orgullosos delante de ellos e incluso abiertamente hostiles".

Vladimir Putin, al suceder a Boris Yeltsin, consolidó su presidencia con la guerra de Chechenia desencadenada en 1999, después de unos oscuros atentados en Moscú que costaron 300 vidas y que aún siguen provocando las más enrevesadas interpretaciones. Y ahora, después del ataque terrorista de ayer en la capital, todo indica que la dureza rusa seguirá en Chechenia.

Si tuviéramos que hacer caso a Samuel P. Huntington, los conflictos del Cáucaso norte, con el enfrentamiento entre un ejército de eslavos ortodoxos y unas fuerzas irregulares independentistas e islamistas, deberían formar parte del choque de civilizaciones que nos pronosticó en 1993. Pero Chechenia, por ejemplo, cuyas guerras se remontan al siglo XVIII, no se deja encasillar tan fácilmente.

El conflicto de Chechenia se inició hace más de dos siglos. En Chechenia murieron en la década de 1990 unos 155.000 chechenos (más del diez por ciento de la población) y unos 5.000 rusos. Yel número de refugiados superó los 400.000. Los chechenos son musulmanes, pero esto, con decir mucho, no lo explica todo. Los chechenos quieren ser independientes, pero Rusia no quiere ni oír hablar del tema. Esto, que aún sugiere más cosas, tampoco lo dice todo. La Rusia de Medvedev y Putin, una vez enterrada la Unión Soviética, está obsesionada con los fantasmas geopolíticos, ya que el bajo vientre de Rusia está rodeado por repúblicas de mayoría musulmana. Pero para entender todo falta algo más viscoso: el petróleo del Cáucaso.

¿Qué tipo de conflictos son entonces los que se libran en el Cáucaso norte, donde se han destruido sistemáticamente pueblos y ciudades? Posiblemente la definición más ajustada a la realidad sea la que en su día formuló Médicos sin Fronteras de Chechenia: "La más cruel de todas las guerras". La guerra perpetua.

30-III-10, lavanguardia