Karzai, mal menor, o mal sense més?

Hamid Karzai hundió ayer un poco más sus vapuleadas credenciales democráticas, tras poner bajo su control a la Comisión de Reclamaciones Electorales, que vela por la limpieza de los comicios afganos. Dicho organismo destapó su fraudulenta reelección como presidente, en agosto pasado, y deberá supervisar las elecciones legislativas que se celebrarán en los próximos meses.

El decreto presidencial, que ha tomado por sorpresa al Parlamento, establece que los cinco comisarios serán nombrados por el jefe del Estado. Hasta ahora, tres de ellos eran extranjeros escogidos por Naciones Unidas. El enviado de la ONU, Kai Eide, asegura que Karzai le ha prometido verbalmente que podrá mantener a dos comisarios - uno de los cuales con derecho a veto-pero el texto legal no menciona nada de eso.

Para lanzar su órdago, Karzai ha aprovechado un momento delicado para sus patrocinadores internacionales, tras dos bombardeos que han causado la muerte de 42 civiles y siete policías afganos. Uno de estos siniestros se produjo en Helmand - granero de los talibanes y del opio-,que ya vivió una ofensiva británica el verano pasado para crear unas condiciones aptas para los comicios. El ejército británico sufrió 150 heridos y 37 muertos, cuatro de ellos en un pueblo en el que la abstención fue del 99,8%.

A fin de asegurarse su reelección, Karzai reforzó sus lazos con señores de la guerra y narcotraficantes, que son quienes controlan el terreno. Pero a éstos se les fue la mano a la hora de rellenar urnas e incluso de inventar colegios electorales. La comisión supervisora recibió entonces 2.500 quejas y terminó desechando por fraudulentos casi un millón de votos, con lo que Hamid Karzai no alcanzaba el 50% necesario para evitar una segunda vuelta. Un escalofrío recorrió la espalda de los países ocupantes, que veían deslegitimada la costosa estrategia de democratización y estabilización y temían la parálisis y profusión de esfuerzos de una segunda vuelta mientras los talibanes pasaban a la ofensiva. Para alivio de muchos, el otro candidato calificado, Abdullah Abdullah, renunció a la segunda ronda al considerar que tampoco reuniría garantías.

Morir por Karzai se está convirtiendo en una pirueta cada vez más difícil de justificar ante la opinión pública por parte de los gobiernos con tropas destacadas. Los soldados estadounidenses muertos ya son mil.

Peter Galbraith, el canadiense jefe de aquella comisión - antes de ser despedido por Karl Eide-ha reaccionado: "La afganización es buena idea, pero aquí no se trata de eso, sino de desembarazarse de observadores internacionales que proporcionaban un grado de honradez, a fin de permitir a Karzai y a sus aliados manipular - o robar, si se prefiere-las próximas elecciones parlamentarias".

24-II-10, J.J. Baños, lavanguardia