s´aplica la nova política McChrystal/Obama a l´Afganistan

nuevo objetivo que se han marcado las tropas aliadas. Es lo que diversos analistas han coincidido en calificar de gran test de la nueva estrategia del presidente Obama, en el que el envío de 30.000 soldados más ordenado a finales del pasado año ha de ser sólo la punta del iceberg, no la solución única.



El reto, y esto es lo que hace diferente la intervención de Marja a todas las otras, será cómo se utilizan los miles de millones de dólares destinados a la ayuda para lo que se ha llamado "el gobierno transportado en el mismo paquete". Así se ha expresado el comandante en jefe de las tropas norteamericanas, el general Stanley McChrystal, para referirse a la iniciativa de extender a la zona la autoridad de la administración de Afganistán lo más rápido posible tras la operación militar. El esfuerzo del gobierno, el primero de este tipo según los expertos, ha de florecer en los próximos días y está considerado tan importante para la logística de Estados Unidos como el incremento de tropas.

De todos modos, la piedra de toque será la capacidad de las corruptas instituciones nacionales, de su odiada policía y su incapaz ejército para ganarse el respeto de los afganos y, singularmente, de los pastunes, alrededor del 40% de la población.



"Vamos a quitarles Marja a los talibanes - dice el general Lawrence Nicholson, responsable de la segunda brigada de los marines-,y el resultado será un gran cambio en la provincia de Helmand y, por extensión, de todo el país". En esto ha de desempeñar un papel relevante el hecho de que en esta ocasión, como en ninguna otra anterior en ocho años de guerra, por cada dos uniformados estadounidenses hay uno afgano. "Es la ratio que quiere ver la gente de aquí y la de Estados Unidos", afirma John Kael Weston, representante del Departamento de Estado.

Con esta presencia de militares afganos se busca convencer a los líderes tribales para que se pongan al lado del Ejecutivo de Hamid Karzai, que los insurgentes locales se retiren de la batalla y dejen así a los aliados el combate contra el núcleo duro talibán. Una de las claves, subrayan los analistas, pasa por limitar al mínimo los efectos sobre la población civil en el despliegue de Marja. "Lo que queremos - precisa Mc-Chrystal-es convencer a todos de que van a estar mucho mejor. A esto lo denominan "cortar la hierba" y no es más que un eufemismo para cimentar unas bases que hagan imposible el regreso de los talibanes, por indeseados por la misma población.

14-II-10, F. Peirón, lavanguardia

12.500 soldados de la OTAN y 2.500 afganos, bajo comando estadounidense, avanzaban ayer entre los campos de adormideras más fértiles del mundo. La anunciada como la mayor ofensiva de la OTAN en Afganistán desde el 2001 arrancó de madrugada con decenas de helicópteros transportando soldados - para evitar que tropezaran con las minas-al granero de opio talibán: Marja, en la provincia sureña de Helmand.

La OTAN insistió en que las fuerzas afganas se han implicado en la planificación de la ofensiva Moshtarak ("juntos", en lengua dari) y desempeñan un papel central. Fuentes aliadas afirmaron haber encontrado menos resistencia de la esperada y que el 70% de esta ciudad de la sangrienta provincia de Helmand había sido tomada. Veinte guerrilleros fueron muertos en combates urbanos. Pese a esto un comandante talibán local, el mulá Mohamed, declaró que habían evacuado la ciudad "para evitar bajas civiles". El presidente afgano, Hamid Karzai, pidió desde Kabul que "las tropas internacionales adopten ciertos mecanismos durante la operación a fin de proteger a los civiles".

Al menos cinco soldados de la OTAN murieron al estallar una de los cientos de bombas trampa talibanes. Otro militar norteamericano perdió la vida por la acción de un terrorista suicida en Kandahar, el auténtico feudo talibán, vecino a Helmand. Un soldado británico falleció en una explosión en el distrito de Nad-e-Ali, en la provincia de Helmand.

Las ofensivas estadounidenses del verano pasado en la inmensa y desértica provincia de Helmand habían provocado un reagrupamiento talibán en Marja, utilizada como cabeza de puente para hostigar a la OTAN en la provincia. Sobre todo con minas, que causan el 80% de las bajas aliadas. Marja está rodeada de canales de irrigación construidos por Estados Unidos en los años cincuenta, algo que ha facilitado el atrincheramiento de los talibanes y las abundantes cosechas de opio. Todos los puentes de acceso estaban minados.

El asalto contra Marja pretende golpear la economía de la narcoguerrilla talibán y, teóricamente, poner una cuña en un arco que debería abrazar Kandahar y la frontera pakistaní, abarcando al 85% de la población de estas dos provincias, el granero económico y humano de los talibanes.

Para que la hierba no vuelva a crecer al poco de haberla segado, el general McChrystal, jefe de la misión de la OTAN, ha asegurado que esta vez los militares llevan consigo "una administración afgana dentro del mismo paquete", lista para ser implantada una vez cesen los combates. Asimismo, piensan desplegar miles de soldados y policías afganos. El problema es que estos son casi todos tayikos o hazaras, de lengua dari (persa), mientras que los nativos de esta provincia son pastunes, como los talibanes, que se nutren de esta etnia.

La gran ofensiva había sido anunciada semanas atrás a bombo y platillo, con el indisimulado objetivo de propiciar la huida de los talibanes. No en vano, el ejército de EE. UU. ha insistido en que Marja no será Faluya, la localidad iraquí que fue limpiada de insurgentes a costa de la destrucción urbana y numerosas bajas civiles. Todo indica que el mando talibán, que opera libre de cualquier acoso en Quetta, Pakistán, ha dado por perdida Marja y ha optado por la retirada de sus combatientes.

Los mismos habitantes de Marja parecían los primeros convencidos de que la batalla épica vendida por la maquinaria mediática no se iba a producir, ya que sólo 164 familias (entre 80.000 habitantes) habían abandonado la ciudad. La aviación de la OTAN ha cubierto la localidad con octavillas en las que llama a sus moradores a encerrarse en sus casas y a no dar refugio a talibanes.

La ofensiva anunciada es también una victoria anunciada, aunque parcial. Es significativo que el general McChrystal no hable de victoria para sus hombres, sino de "sustraer cualquier esperanza de victoria" a sus enemigos. Dicho de otro modo, devolver a los talibanes a la mesa de negociaciones, puesto que el máximo comandante de la OTAN es el primero en decir que la única salida es política.

La demostración de fuerza tiene como objetivo subvertir la buena racha talibana, antes de que con la primavera se recrudezcan los combates. El año pasado, con 520 muertos, fue el más duro para las tropas de la OTAN, en las que participa España.

14-II-10, J.J. Baños, lavanguardia