´Afganistán: el Vietnam de Obama´, Daniel Ellsberg

Daniel Ellsberg la guerra de Afganistán A le recuerda la de Vietnam. Tanto, que hace unos días confeccionó una lista con analogías: le salieron 129.

"Somos ocupantes extranjeros en países que tienen una tradición milenaria de resistir con éxito ante ocupantes extranjeros", resume. "En Washington, la situación es parecida a la de Lyndon Johnson en la primavera de 1965. El general Westmoreland y su Estado Mayor le urgían a implicarse indefinidamente en la guerra, con centenares de miles de soldados. Y se le advirtió que se abocaba a una catástrofe si aceptaba estas sugerencias".

Ahora es el general Stanley Mc-Chrystal, comandante en Afganistán, quien presiona al presidente Barack Obama para que envíe 40.000 soldados más. Obama anunciará una decisión en los próximos días.

Ellsberg vivió aquella guerra y la catástrofe final en primera fila. En 1965, cuando Westmoreland promovía la escalada que acabaría enfangando al país en su guerra más traumática, Ellsberg era un experto de alto nivel en la administración Johnson. Conocía el terreno. Pasó dos años en Vietnam. En 1967, regresó a su empleo anterior, en la Rand Corporation, un laboratorio de ideas vinculado al Pentágono.

Por entonces Ellsberg ya había empezado a cuestionar la guerra, y a plantearse revelar a la opinión pública todo lo que sabía, los secretos y las mentiras de las administraciones sucesivas. En 1969 sacó clandestinamente de la Rand Corporation las siete mil páginas de una historia secreta de la guerra confeccionada en el Departamento de Defensa, las fotocopió y las entregó a la prensa. El escándalo de los papeles del Pentágono - que él había contribuido a redactar-había estallado.

El presidente Richard Nixon temía que Ellsberg tuviese más documentos comprometedores y lo investigó con los métodos más sucios. Su consejero de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, lo llamó "el hombre más peligroso de América", título del documental sobre él que acaba de estrenarse. Los papeles del Pentágono marcaron el primer pulso serio entre la prensa y el poder ejecutivo, un aperitivo del Watergate. Un tribunal acabó desestimando las acusaciones contra Ellsberg.

"No creo que me hubiera arriesgado a pasar el resto de la vida en prisión si no hubiese sido porque conocí de primera mano el ejemplo de jóvenes enfrentados al reclutamiento obligatorio que, en vez de aceptarlo, o marcharse del país, o hacerse objetores de conciencia, decidieron protestar e ir a la cárcel", explica Ellsberg desde California, donde vive. "Yo he urgido a los funcionarios a no hacer lo que yo hice, que fue esperar hasta que más miles de toneladas de bombas hubiesen caído y más personas hubiesen muerto antes de ir a la opinión pública".

"Todos los responsables gubernamentales mienten", sentencia este hombre - héroe de la libertad de expresión y la conciencia cívica para unos; traidor a la patria para otros-,que ha hecho de la transparencia la causa de su vida. No duda que, si Obama se decide por la escalada bélica, "cada vez habrá más mentiras". "Las malas noticias se suprimirán durante tanto tiempo como se pueda para que la realidad no desanime a los estadounidenses".

A Obama, le aconsejaría "la retirada total de las operaciones de Afganistán tan pronto como sea posible (...) y no dar al general McChrystal las tropas que ha pedido". "Hacerlo abocaría a un programa de contrainsurgencia que no puede tener éxito bajo ningún concepto, si no es para alargar un estancamiento sangriento en Afganistán y posponer el día que él o su sucesor tengan que cambiar de política".

Ante el argumento de que, a diferencia de Vietnam, en Afganistán hay una coalición internacional, recuerda que, cuando él trabajaba en el Pentágono, existía una alianza similar. "Johnson - dice-consiguió, y sobornó, un pequeño número de fuerzas extranjeras, menos de las que tenemos en Afganistán, para ayudarnos y dar una apariencia internacional". "Los que están con nosotros ahora están porque se les ha presionado. En la mayoría de los países hay un deseo popular de marcharse. Tienen razón. Es indignante enviar jóvenes a matar afganos sin ningún buen motivo".

Daniel Ellsberg no es un izquierdista iluminado. Temores similares a los suyos están presentes en las deliberaciones de la Casa Blanca. Obama ha estudiado a fondo los dilemas de Johnson. Teme enviar a morir a miles de jóvenes en una guerra sin objetivos claros ni un final a la vista.

Ellsberg cree que, si finalmente el presidente envía más soldados, peligrará su programa de reformas en Estados Unidos. "La alternativa es hacer lo que Johnson no hizo: enfrentarse a los militares y rechazar embarcarse en una vía que probablemente destruya sus iniciativas internas - porque desviará recursos, y por los costes-y su administración".

Carismático, de una inteligencia afilada, implacable, Ellsberg fue en los años sesenta uno de los niños prodigio del establishment.Ahora, a sus 78 años, conserva el aire de dandi, de intelectual aventurero. En octubre, en la presentación de El hombre más peligroso de América en Washington, el público se hacía fotos con él como si fuese una estrella de cine.

Cuando divulgó los papeles del Pentágono, creía que podría frenar la guerra de Vietnam. El debate era entre "lealtad al presidente" - el silencio de otros que también eran conscientes del error de Vietnam, como el secretario de Defensa Robert McNamara-y lo que él llama la "lealtad a la Constitución". O entre revelar las vergüenzas del país y callar por el bien común. El debate se reproduce. ¿Conviene investigar hasta el final los excesos de los años de Bush, como las torturas? ¿O es mejor pasar página?

"Se dirá que se criminaliza un desacuerdo político, porque cualquier administración que llegue al poder podría hacer lo mismo con la gente que le precediese", opina Ellsberg. "Es totalmente engañoso. No hablamos sólo de desacuerdos políticos. El desacuerdo real es si las leyes se cumplían o se vulneraban. Lo que esta gente cometió, en muchos casos, son crímenes. Y no iniciar un procedimiento criminal, que es lo que Obama quiere evitar, significa de hecho descriminalizar actos como la tortura".

Y remacha: "El motivo para evitar investigar, no digamos ya abrir un proceso, es que los hilos llevarían a Cheney (el ex vicepresidente) y a la presidencia. (Barack Obama) no quiere meterse en esta batalla".

22-XI-09, M. Bassets, lavanguardia