constants cops contra els pilars de l┤Estat (nuclear islÓmic)

El terrorismo no da respiro a Pakistán. En el cuarto atentado de gran magnitud en sólo una semana, un terrorista suicida provocó ayer al menos 41 muertos y 45 heridos al hacer estallar su carga junto a un convoy militar - también cargado de explosivos-en un puesto de control del turbulento valle de Swat.

Seis militares y cuatro policías se encuentran entre las víctimas mortales, en lo que supone un bofetón a la pretensión del ejército de haber expulsado a los insurgentes talibanes de ese valle.

Aunque nadie se ha atribuido la autoría, todo apunta a los talibanes, que también estarían detrás de los otros tres atentados de los últimos siete días y que han demostrado su capacidad para golpear a discreción: en la capital política, Islamabad, contra un organismo de la ONU; en la capital pastún, Peshawar, en un mercado; y, rizando el rizo de la audacia, en el corazón mismo del poder pakistaní. Esto es, en el cuartel general del ejército, en Rawalpindi, donde una decena de terroristas mantuvo a 39 soldados como rehenes durante 22 horas.

Ayer se supo que dicha acción tenía como objetivo la liberación de un centenar de terroristas presos. No obstante, las negociaciones terminaron con la intervención de un comando especial que salvó la vida de todos los secuestrados excepto tres. Nueve terroristas fueron abatidos. Lo más inquietante para el poder pakistaní es que, si bien la mitad de ellos son pastunes de Waziristán - algo habitual-la otra mitad son del mismo Punyab, lo que confirma la penetración de estos grupos en la columna vertebral del país gracias a la alianza con grupos antes enfocados en Cachemira.

Por otro lado, un portavoz talibán en Waziristán se responsabilizó ayer de dicho asalto y anunciaba más, como venganza por la eliminación en agosto del anterior líder del grupo, Betula Mehsud, por aviones no tripulados de la CIA. Asimismo, advirtió al ejército de su debacle en caso de lanzar una ofensiva en Waziristán.

Desde hace semanas, 28.000 soldados pakistaníes se encontrarían listos para iniciar una ofensiva terrestre en Waziristán Meridional, bajo control de los Mehsud. De allí proceden la mayoría de los terroristas suicidas - y allí han encontrado hogar y esposa, desde el 2002, cientos de guerrilleros árabes, uzbekos o chechenos de la desbandada afgana de Al Qaeda. Bin Laden podría ser uno de ellos, lo que explicaría el grado de resistencia.

EE. UU. se enfurece porque el ejército pakistaní sigue tentando acuerdos con otras facciones talibanes que, aún apoyando la insurgencia pastún en Afganistán, no suscriben aventuras desestabilizadoras en Pakistán. Sin embargo, la realidad está forzando a la misma Casa Blanca a seguir la línea Musharraf de distinguir entre los extranjeros de Al Qaeda y su agenda terrorista internacional y los talibanes antiinvasores.Hasta empieza a ganar aceptación el contrasentido talibanes moderados,talibanes dispuestos a cambiar de bando si se les paga mejor que Al Qaeda.

El paquete Obama de ayuda norteamericana a Pakistán, 7.500 millones de dólares, va condicionado, por primera vez, a la sujeción del ejército de Pakistán al control civil ya la lucha antiterrorista dentro de sus fronteras, algo que ha sido visto como un ataque a la soberanía por ciertos círculos de poder.

En Islamabad - o, para ser exactos, en Rawalpindi-se observa con recelo el acercamiento de Washington y Nueva Delhi, cuyos ejércitos empezaron ayer en el norte de India unas maniobras conjuntas de una magnitud con pocos precedentes. Significativamente, el mismo día en que India probaba con éxito sus misiles Agni-II, con capacidad nuclear, que apuntan a Pakistán.

El mes pasado, el comandante de las fuerzas de EE. UU. en Afganistán, Stanley McChrystal declaró que la insurgencia afgana "está claramente apoyada desde Pakistán". Y cada vez está más claro que en Afganistán no puede haber paz - ni guerra-sin Pakistán. Y sin tener en cuenta los intereses y la rivalidad regional entre las dos potencias nucleares del subcontinente indio.

En Pakistán también hay un temor creciente a que India pueda realizar un test nuclear tras alegaciones de que el realizado en 1998 - replicado por Pakistán a los pocos días-no fue del todo concluyente...

Aunque durante su último año en el poder los talibanes prácticamente erradicaron el cultivo de opio, ocho años después Afganistán vuelve a ser un narcoestado con narcoinsurgencia. Y Pakistán es zona de paso y blanqueo, como sugiere la bolsa de Karachi, una de las más alcistas del mundo, indiferente a las bombas.

13-X-09, J.J. Baños, lavanguardia