ŽLa encrucijada afgana de ObamaŽ, lavanguardia

Flamante premio Nobel de la Paz, el presidente de EE. UU., Barack Obama, deshoja estos días la margarita de la nueva estrategia para la guerra de Afganistán, que ya ha cumplido ocho años. La alternativa se sintetiza en dos vías: bien la que proponen los militares, apoyados por una mayoría de republicanos, que es ampliar el contingente de fuerzas hasta 40.000 soldados más; bien la que defienden sus asesores civiles y una mayoría de los demócratas, que es fortalecer las acciones de inteligencia, con grupos expertos en operaciones de contrainsurgencia. Del acierto de su decisión depende buena parte de su mandato. Para el secretario de Defensa, Robert Gates, la decisión de Obama es una de las "más trascendentales de su presidencia".

Afganistán es probablemente el mayor quebradero de cabeza de la Casa Blanca, porque es área de influencia de Pakistán, un país con armas nucleares y cuya desestabilización tendría graves consecuencias. Tras ocho años de guerra, con la presencia de casi 100.000 soldados de la OTAN bajo mandato de la ONU -68.000 de ellos estadounidenses-, la situación se encuentra en un atolladero. La bajas de militares, entre ellos españoles, siguen aumentando, mientras el Gobierno afgano impuesto por Washington no sólo está lejos de hacerse con la credibilidad, sino que, preso de la corrupción, es incapaz de abrir una mínima esperanza.

La estrategia llevada en Afganistán bajo la presidencia de Bush, de perfil discreto para fortalecer el frente iraquí, ha resultado un desastre. Desde que Obama llegó al poder, esta "guerra de necesidad" -frente a la de "elección" que era la Iraq, según el presidente- precisa de un cambio de estrategia por definir. Descartada una importante reducción y la retirada de las tropas, por supuesto, para el comandante en jefe de las fuerzas estadounidenses y de la OTAN en Afganistán, el general McChrystal, la solución implica la ampliación del contingente, tanto para matar terroristas y talibanes, como para proteger a la población civil y construir unas mínimas estructuras de gobierno, como ocurrió con éxito en Iraq durante la etapa del general Petraeus. Una opinión que, expresada de forma inconveniente, le ha valido a McChrystal la reprimenda de la Casa Blanca.

La otra propuesta, que lidera el vicepresidente Joe Biden y consejeros expertos en lucha antiterrorista, aboga por pactar con los talibanes más moderados y poner el acento en golpear a los terroristas con acciones muy estudiadas y planificadas. Esta opción se apoya en análisis y estudios que afirman que Al Qaeda está perdiendo apoyos en el islamismo radical por las matanzas de civiles inocentes y la pérdida de atractivo de convertirse en terrorista suicida. Según estos análisis, es el momento de aproximarse al mundo talibán, rebajar la presión sobre la población civil afgana, que ha sido duramente castigada por la guerra, y concentrar todo el esfuerzo en la persecución de los terroristas mediante tácticas inteligentes y grupos especializados.

Obama lleva semanas analizando la cuestión y estos días ha celebrado reuniones con consejeros y expertos militares, entre ellos el propio McChrystal. Frente a las presiones, incluidas las de la oposición y las de su propio partido, para que tome una decisión urgente, el presidente quiere tomarse tiempo para meditar a fondo la cuestión. Podría tardar unas semanas en optar por una de las dos vías o tomar un camino intermedio. Lo que es seguro es que se juega mucho.

13-X-09, lavanguardia