unes eleccions perjudicials per a la (futura) democrącia afganesa

El fraude en las elecciones presidenciales
del pasado 20 de agosto
en Afganistán es un hecho ya
incontestable que podría arruinar
todo el proceso electoral, con
consecuencias imprevisibles.
Desde el mismo día de la votación
han ido apareciendo denuncias
y se han hecho públicas irregularidades
de toda índole, tanto
por parte de los candidatos como
por parte de observadores internacionales.
Pero ayer la Comisión
Electoral de Quejas (CEQ),
un organismo autónomo bajo supervisión
internacional, anunció
que ha puesto en cuarentena las
urnas de más de 600 colegios
electorales para efectuar una auditoría
y un recuento parcial.
Sin embargo, ayer mismo la Comisión
Electoral (CE) anunciaba
por primera vez que el presidente
candidato Hamid Karzai superaba
la barrera del 50%. Con un
91,6% escrutado, la CE daba a
Karzai el 54,1% y a su más directo
rival, Abdulah Abdulah, el
28,3%. De este modo, Karzai no
tendría necesidad de una segunda
vuelta electoral para salir elegido.
Se da la circunstancia de
que el presidente de la CE fue
nombrado por Karzai, algo denunciado
por la oposición y por
organizaciones civiles afganas.
La Comisión Electoral de
Quejas “ha encontrado pruebas
claras y convincentes de fraude
en una serie de colegios electorales
–dice el comunicado de la
propia comisión–. Bien por un
número excepcional de votos respecto
al de votantes,ounporcentaje
excepcionalmente grande de
votos para un solo candidato”.
Los colegios electorales sospechosos
se encuentran sobre todo
en las provincias de Kandahar,
Paktika y Gazni, en el sudeste del
país, las tres desde hace largo
tiempo bajo la férula de la insurgencia.
En Kandahar –que pasa
por ser el feudo talibán–, Karzai
obtiene un 87%, en Paktika un
91% y en Gazni un 42%. En estas
provincias se ha escrutado poco
más del 60%. Según observadores
occidentales citados por The
New York Times, en Kandahar
no votaron más de 25.000 personas,
mientras que la CE contabiliza
350.000. Entre otras denuncias,
se ha hablado de falsos centros
de voto montados por agentes
de Karzai y de unos 800 colegios
donde estos recolectaron decenas
de miles de votos.
No deja de ser significativo que
la Comisión Electoral, con un
91% escrutado, no haga público
todavía un porcentaje de participación.
Algunos observadores independientes,
tanto afganos como extranjeros, no aventuran
más de un 30%-35%.
La Comisión de Quejas está
presidida por dos afganos –un jurista
nombrado por el Tribunal
Supremo, Maulaui Mohamed
Mustafa Barakzai, y Mohamed
Fahim Hakim, de la Comisión
Afgana Independiente de Derechos
Humanos– y tres expertos
extranjeros con larga experiencia
en Afganistán nombrados por
las Naciones Unidas: Marteen
Half, de la propia ONU; Scott
Worden, asesor en las elecciones
del 2005, y Grant Kippen, un canadiense
de larga trayectoria en
procesos electorales en el mundo,
que actúa como presidente.
El portavoz de laONUAlim Sidiq
afirmaba ayer que “no hay ganadores
en estas elecciones hasta
que todas las demandas hayan sido
investigadas por la Comisión
de Quejas y la Comisión Electoral
ordene un recuento”. En realidad,
es la CEQ la que ordena a la
CE dicha auditoría. Se investigará
todo colegio donde haya al menos
600 votos –lo que supondría
una poco creíble participación
del 100%, según las estimaciones
antes de los comicios– y allí donde
un candidato tenga al menos
un 95% de votos si el número total
de emitidos es más de cien. El
proceso será supervisado por observadores
electorales, representantes
de los candidatos y miembros
de la Comisión Electoral.
La propia Comisión Electoral
tuvo, en las últimas semanas, que
anular los resultados de otros
600 centros de voto –del total de
los más de 25.000 de todo el
país– por irregularidades, entre
ellas el caso de una aldea con cuatro
colegios electorales donde
Karzai recibió todos los votos,
exactamente 500 en cada centro.
El problema que se plantea
ahora es cuándo se acabará este
recuento. Según un miembro de
la Comisión Electoral, Daud Ali
Nayafi, se podría tardar de dos a
tres meses, extremo admitido
ayer en comentarios del Departamento
de Estado norteamericano.
Esto complicaría mucho las
cosas para una segunda ronda
electoral, porque en octubre se
echa encima el duro invierno
afgano y muchas regiones del
país se vuelven inaccesibles.

9-X-09, agcs/red, lavanguardia