renovats disturbis i morts en el conflicte čtnic al Xinjiang-Turquestan Oriental

La sangre ha vuelto a correr por las calles de Urumqi, la capital de la región autónoma de Xinjiang, en el extremo noroccidental de China. Cinco personas resultaron muertas y otras catorce heridas en los disturbios del pasado jueves, cuando miles de personas salieron a la calle para protestar por la lentitud de las autoridades en garantizar la seguridad de la etnia mayoritaria han ante unos supuestos ataques con jeringuillas, que habrían producido más de quinientas víctimas.

 

El vicealcalde de Urumqi, Zhang Hong, dio a conocer anoche estas cifras en el curso de una rueda de prensa en la que señaló que la situación estaba bajo control, tras dos días de masivas protestas, segun la agencia oficial Xinhua. El vicealcalde no dio precisión alguna de como se habían producido las muertes, si bien declaró que entre las cinco víctimas mortales había "dos personas inocentes", sin querer especificar qué entendía por "inocentes".

Lo cierto es, sin embargo, que ayer las calles de Urumqi volvieron a vivir momentos de tensión. Ciudadanos de la etnia mayoritaria han volvieron mostrar su cólera por la lentitud de las autoridades a la hora de actuar. Les echan en cara que aún no han castigado a los culpables de la minoría musulmana uigur de los incidentes del mes de julio, que produjeron 197 muertos y más de mil heridos. Y les acusan, asimismo, de no tomar medidas para garantizar su seguridad ante las supuestas agresiones con jeringuillas.

Tres manifestaciones recorrieron ayer el centro de esta ciudad de 1,8 millones de habitantes, y en las tres los participantes reclamaron la dimisión de Wang Lequan, el número uno del Partido Comunista en la región autónoma. De 64 años de edad, Wang está al frente del Partido en Xinjiang desde hace quince años y los analistas lo presentan como uno de los aliados del actual presidente chino, Hu Jintao, que lo hizo entrar en el bureau político del comité central del Partido Comunista en el 2002.

  

La mayor de las tres concentraciones congregó a más de mil personas, que se enfrentaron, brevemente, a los policías cuando intentaban detener a un han que los había desafiado, según testigos. Los manifestantes empezaron a gritar que le dejaran en libertad e inmediatamente empezaron a lanzarles botellas de plástico. Ante tal situación, las fuerzas del orden se vieron obligadas a pedir refuerzos para controlar la situación.

Más tarde, la policía dispersó una segunda manifestación con gases lacrimógenos, según Xinhua. Las mismas fuentes explicaron que luego un centenar de jóvenes se manifestaron por la avenida Jiefangnan, próxima a los barrios uigures.

Para evitar más altercados y posibles derramamientos de sangre, las autoridades optaron por prohibir las manifestaciones y las protestas. "Se trata de mantener el orden público, proteger la vida de la gente y garantizar la seguridad de las propiedades", dijo un portavoz del ayuntamiento de Urumqi.

Ante el cariz que tomaron los acontecimientos, el ministro de Seguridad Pública y máximo responsable de la Policía china, Meng Jianzhu, se desplazó ayer a Urumqi. En un comunicado emitido anoche por televisión, Meng responsabilizó a los separatistas de la minoría étnica uigur de los recientes ataques con jeringas a los transeúntes en esta ciudad y les acusó de intentar "destruir la unidad étnica" del país.

La tensión que se ha disparado en los últimos días en Urumqi ante los supuestos ataques con jeringuillas, que ya habrían afectado a más de quinientas personas, se explicaría por el miedo de la población a ser infectada con el virus del sida. Y es que la región de Xinjiang, con fronteras con Rusia, Mongolia, Pakistán y varias ex repúblicas soviéticas, es la región de China con más seropositivos.

5-IX-09, I. Ambrós, lavanguardia

La tensión volvió ayer a Urumqi, la capital de la región noroccidental china de Xinjiang, de mayoría musulmana, escenario de unas violentas protestas étnicas en el pasado mes de julio que dejaron cerca de 200 muertos. Varios miles de personas de etnia han se congregaron en el centro de Urumqi para protestar contra unos presuntos ataques con jeringuillas, informó la agencia oficial Xinhua.

Según las mismas fuentes, 21 personas habrían sido detenidas, acusadas de haber agredido a 476 personas, de las cuales 433 eran de etnia han y el resto de otros ocho etnias (uigures, hui, kazajos y mongoles). El departamento de Sanidad de Xinjiang avanzó anoche que ninguna de las víctimas había resultado infectada. Xinjiang tiene uno de los índices de seropositivos más elevados de China.

Las protestas se originaron a última hora de la mañana tras conocerse la denuncia de que un hombre acababa de agredir con una jeringuilla a una niña de cinco años. La noticia se extendió y calentó los ánimos en una ciudad ya tensa debido a los recelos que existen entre la etnia mayoritaria han y los uigures. Un testigo vio a un grupo de hanes golpear a un uigur, sospechoso de perpetrar ataques con jeringuillas. La policía lo rescató y lo llevó al hospital, según la agencia Reuters.

Los manifestantes se concentraron ante la sede del Partido Comunista, en el centro de la ciudad y reclamaron la dimisión de su máximo responsables, Wang Lequan, que lleva catorce años en el cargo.

"Que dimita Wang Lequan, ¡el gobierno es inútil!, gritaban los manifestantes, según un testigo, Mientras era increpado, Wang, micrófono en mano, explicó a la multitud que se había detenido a más de veinte personas por los supuestos ataques.

El departamento sanitario de Xinjiang dijo que en las últimas semanas, 476 personas habían acudido a los hospitales para informar de aparentes ataques con jeringuillas. Nicholas Bequelin, de Human Rights Watch en China y que sigue de cerca la actualidad de Xinjiang, dudaba ayer de la certeza de estos ataques. "Siempre hay rumores extraños tras episodios de violencia", dijo. Estos disturbios surgen en un momento muy sensible para China, que prepara la celebración el 1 de octubre del 60 aniversario de la fundación de la República Popular.

4-IX-09, I. Ambrós, lavanguardia