Kirguistan, satèl.lit del conflicte AFPAK

Kirguistán, la ex república soviética de Asia Central que se ha convertido en pieza clave para la estrategia de la OTAN en Afganistán, celebró el jueves unas elecciones presidenciales que, sintetizando la declaración de la misión de observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), se podrían calificar de parodia.

Una larga cadena de irregularidades acabó dando el resultado de un 85,4% para el presidente Kurmanbek Bakiyev sobre el 73% de los votos escrutados, y sólo un 7% para el opositor y ex primer ministro Almazbek Atambayev, uno de los seis candidatos. Bakiyev gobierna desde la revolución de los tulipanes,nombre que se dio a la confusa revuelta que, tras unas elecciones fraudulentas, derrocó en marzo del 2005 al presidente Askar Akaev, obligándole a huir del país.

"La jornada electoral fue decepcionante. El recuento de votos y la tabulación de los resultados fue especial motivo de preocupación", dijo a la prensa Radmila Sekerinska, jefe de la misión de la OSCE. Sekerinska, ex viceprimera ministra de Macedonia y persona comprometida con la transición democrática en su país, añadió que "en más de la mitad de los casos que observamos este proceso fue negativo". Las elecciones fueron seguidas por 516 observadores internacionales, de la OSCE y del entorno ruso de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) y el Grupo de Shangai, así como dos mil observadores locales. La presidencia sueca de Unión Europea respaldó el veredicto de la OSCE.

Irregularidades en las listas, gente votando varias veces, papeletas metidas en las urnas a puñados y presiones a los electores en los colegios fueron algunos de los incidentes, en los que abundó el opositor Atambayev, quien afirmó que convocará protestas populares. Las calles de Bishkek, la capital de este país de sólo cinco millones de habitantes, aparecían ayer tranquilas, sin embargo. La celebración de un concierto en el centro de la ciudad, convocado por la oposición para movilizar la protesta, fue prohibida, según la agencia rusa Itar-Tass, que apenas informaba ayer de las irregularidades denunciadas.

Rusia, China y Estados Unidos tienen especial interés en que Kirguistán no caiga en la inestabilidad. Uno de los argumentos de Kurmanbek Bakiyev para conservar el poder - además de aumentar el gasto público, y con él los salarios y las pensiones-ha sido agitar el fantasma de un latente islamismo radical, lo que supone malas noticias para los chinos por el conflicto uigur, para los rusos por su "esfera de influencia" y para los norteamericanos por la cuestión afgana.

Cerca de Bishkek se halla la base aéra de Manás, de la que parten suministros para la OTAN en Afganistán (allí permanece un pequeño contingente español) y, no muy lejos, una base rusa. Manás ha sido durante este año objeto de regateo. Bakiyev amagó con cancelar el alquiler a Washington, lo que apuntó a una mano rusa,algo que Moscú desmintió. El Gobierno kirguís obtuvo, de todos modos, dos millardos de dólares de Moscú y 60 millones de dólares anuales de Washington, el triple de la renta que recibía hasta ahora, más 120 millones en inversiones y adyudas directas.

25-VII-09, agcs/red, lavanguardia