´La castración química del Estatut´, Enric Juliana

El Gobierno Zapatero ha conseguido una buena puesta en escena del nuevo modelo de financiación de las autonomías y ha explicado muy mal su contenido. Mejor dicho, no lo ha explicado. Y posiblemente no lo hará, a la espera de que las vacaciones de verano impogan esa pausa que todo lo difumina. Y a otra cosa, mariposa.

Esa otra cosa será la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut que podría conocerse a finales de mes (o a finales de agosto). Si ahora impera la sensación de que los catalanes han ganado la partida, e incluso algunos se atreven a escribir en la prensa capitalina que Madrid se ha convertido en el único y último pulmón de la solidaridad interterritorial en España -ejemplo fehaciente de que en este país la caradura y la desfachatez no tienen límite-, cuando se conozca la sentencia del Constitucional la impresión se invertirá.

Cómo ha escrito Victoria Prego, que de política sabe un montón y de lo que se cuece en los tribunales, aún más, vamos asistir en breve a la castración química del Estatut. Retengan ese titular, porque es francamente bueno, premonitorio y muy veraz como resumen del instinto imperante en la magistratura española: la castración química del Estatut.

Ya que la política se entiende hoy como una frenética sucesión de relatos -storytelling,la habilidad de contar historias, al decir de los especialistas norteamericanos-, podríamos adelantar que el guión tiene dos fases: primero se deja que los catalanes parezcan ganadores y después se les castra químicamente (sin proceder al doloroso método de la emasculación).

El storytelling de la Moncloa es esta vez de una gran profesionalidad y ha sido mejorado concienzudamente por los servicios de propaganda del PSC y de la presidencia de la Generalitat. La puesta en escena de la aceptación catalana del nuevo modelo de financiación ha sido ejemplar como ejercicio de iniciativa política: suspense, ritmo, eficaz aislamiento de los adversarios y excelente sincronización de los apoyos sociales (Foment, Cambra de Comerç, sindicatos...). Por primera vez desde el cambio político en Catalunya en 2003, el tripartito ha logrado enviar una señal de inteligente hegemonismo.

Pero el Gobierno aún no ha dado todos los números. Quizás los conoceremos después de la castración.

16-VII-09, Enric Juliana, lavanguardia