´Cuestión de fe´, Isabel Garcia Pagan

Woody Allen lo tenía claro: "La vocación de un político de carrera es hacer de cada solución un problema". Con casi un año de retraso sobre la fecha prevista en el Estatut y hasta cuatro plazos incumplidos, presentar la propuesta de nueva financiación autonómica debería haber sido un paseo militar para José Luis Rodríguez Zapatero. Contaba con el apoyo in extremis de Catalunya, el aplauso de Andalucía y la aceptación en privado de los dos grandes feudos populares, Madrid y Valencia. Lo tenía casi todo.

Pero el modelo que pretende pasar a la historia como ejemplo de transparencia no incluye ni un solo compromiso económico formal con las comunidades. Así que mañana asistiremos en el Consejo de Política Fiscal y Financiera al primer episodio del nuevo culebrón autonómico a cuenta de las tripas de la tortura estadística elaborada por el equipo de Elena Salgado.

En los próximos meses habrá un baile de millones en el que, en contra de lo que pensábamos, dos más dos ya no sumarán cuatro. Donde sí empiezan a cuadrar los números es en el Congreso. Soltar el lastre de la financiación supone un alivio para Zapatero, que ya puede contar con cinco votos más - tres de ERC y dos de IU-ICV-para aprobar los presupuestos y lo que se tercie.

Alivio también para el Gobierno tripartito catalán, que ha salido ileso del reto más importante de la legislatura. El PSC se apresura ya a dar carpetazo al debate identitario y dedicarse, de una vez por todas, a aquello de fets, no paraules;en ERC, Joan Puigcercós se autoafirma como candidato y Joan Ridao se mueve como pez en el agua junto a Zapatero y sus ministros. Y los socios de ICV-EUiA respiran tranquilos con el horizonte electoral a un año vista.

Todos felices, pues, excepto la oposición. En Madrid, el PP augura las siete plagas. En CiU, se rasgan las vestiduras porque el acuerdo no cumple a pies juntillas el Estatut. Y hasta puede que sea verdad, pero después de tanto marear la perdiz a ver quién le quita al secretario general de Economia, Martí Carnicer, la alegría de ver dinero en la caja para poder pagar las facturas. De hecho, si Catalunya recibe al final 3.500 millones, 3.800 o 3.855, sólo lo sabremos en la liquidación presupuestaria del 2014 y, para entonces, todos calvos.

Así que si hasta ahora teníamos el misterio de la santísima trinidad, ahora le sumamos el de la financiación, que es una y quince a la vez. Porque, ya saben, el País Vasco y Navarra no necesitan de revelaciones divinas para hacer uso de su dinero. Lo de Catalunya, otra vez, es cuestión de fe.

14-VII-09, Isabel Garcia Pagan, lavanguardia