´Artemisia Gentileschi´, Enric Juliana

Concluye estos días uno de los más feos episodios de la España que iba como una moto: la feroz pugna por Endesa -"antes alemana que catalana"-; la infeliz peripecia de la Brigada Pomorska, la ingenua caballería polaca que creyó posible ensanchar la autonomía, instaurar el federalismo y matizar el dominio de la oligarquía madrileña en el tablero económico, de una sola tacada y pagando escaso precio por tamaña audacia.

Acaba de cerrarse la fusión Gas Natural-Unión Fenosa, la compañía eléctrica italiana Enel toma el martes el control de Endesa, el enredo de la financiación autonómica ya no admite nuevas dilaciones, y pronto se conocerá el veredicto del Tribunal Constitucional sobre el nuevo Estatut. Los oficiales polacos que creyeron posible embestir a pecho descubierto -pit i collons!- están listos para sentencia.

Pasan cosas interesantes estos días. Ágiles e inesperados vencedores de la batalla de Endesa, los italianos llegan a España con uno de aquellos gestos que alimentan la leyenda de la finezza. Llegan con un cuadro bajo el brazo. En el patrocina la exhibición en Madrid de Judith decapitando a Holofernes, la obra más preciada de Artemisia Gentileschi (1597-1654), una de las pocas mujeres pintoras que triunfaron entre las intrigas y las volutas del barroco.

Es un cuadro autobiográfico. Artemisia, hija de Orazio Gentileschi, discípulo de Caravaggio, fue violada a los diecinueve años por un colaborador de su padre, un tal Agostino Tassi, que le enseñaba a pintar en casa, puesto que las academias de arte estaban vedadas a las mujeres. Artemisia reflejó su ira en el rostro de Judith y dio a la cabeza de Holofernes la apariencia del agresivo violador. El cuadro llega acompañado del más interesante relato sobre la vida de la artista. Una biografía novelada por una mujer, traducida por otra mujer, prologada por una tercera mujer y editada por una mujer. Anna Banti, esposa de Roberto Longhi, uno de los más reputados críticos de arte italianos, quiso demostrar que su marido no la eclipsaba y escribió Artemisia en 1944. La hoy eurodiputada socialista Carmen Romero, que también sabe lo que es un eclipse, aprendió italiano para poder traducir la obra de Banti al catellano. Susan Sontag escribió sobre Artemisia antes de morir. Y la editora Diana Zaforteza ha publicado el libro para explicar cuáles quieren ser los mimbres de Alfabia, su joven sello editorial.

Son finos los italianos, digan lo que digan las más recientes y picantes crónicas fechadas en Roma. El cuadro de Judith y Holofernes es una violenta alegoría de la determinación femenina. Y hoy la principal novedad en Italia es la acción directa de dos mujeres contra el poderoso varón que en Roma, Milán y Cerdeña juguetea con la caricatura del maschione mediterráneo, garabateada en los años treinta por Benito Mussolini.

Silvio Berlusconi no es un fascista, ni conduce a su país a ninguna deriva autoritaria. Se equivocan quienes predican en España el apocalipsis italiano. Berlusconi es un hombre poderoso, muy poderoso, engreído, seguramente pasado de rosca y excelente conocedor del hombre de la calle. Como buen vendedor sabe que a l´uomo qualunque hay que adularle. Esta es la clave de su éxito, en la televisión comercial y en la política.

No hay deriva autoritaria en Italia. Hay hegemonismo de derechas y un fuerte deterioro del prolongado dominio cultural de la izquierda. Gracias a la Constitución de 1948, especialmente pensada para impedir la reaparición del tirano, Berlusconi tiene, como primer ministro, mucho menos margen que José Luis Rodríguez Zapatero. Italia no es fácil de explicar. Italia siempre engaña.

Por ello resulta fascinante que sean dos mujeres, la esposa de Berlusconi, Veronica Lario, y una señorita de Bari llamada Patrizia d´Avvanzo, quienes tengan en jaque al mediático Holofernes. La primera, por hartazgo; la segunda, por miedo. Un miedo que le aconseja contar qué hizo con su cliente, ya que en determinadas circunstancias no hay mejor protección que salir en los diarios con titulares de la talla 72.

28-VI-09, Enric Juliana, lavanguardia