´España, España, y más España´, Pilar Rahola

Leo en digital que la mayoría de vascos no están encantados con el pacto de Gobierno de Ajuria Enea. Yno creo que sea exclusivamente por una cuestión de nostalgia de la vieja escuela. Muchos vascos, incluso nacionalistas, consideraron útil un cambio de aires, no en vano tantas décadas de poder de un mismo partido pueden producir, como los sueños de la razón de Goya, algunos monstruos.

Pero sin duda hay una gran diferencia entre imaginar fórmulas nuevas de gobierno, y ser gobernados por un pacto antinatura, cuya única finalidad es españolizar simbólica, política y culturalmente al País Vasco.

Por mucha propaganda que nos trasmitan desde la práctica totalidad de los medios de comunicación españoles - hasta el punto de que algunos reportajes sobre Patxi López han rayado la pornografía, de tan pelotas y hagiográficos-,lo cierto es que el pacto PPPSOE no tiene explicación en términos políticos. Sólo la tiene en términos de nacionalismo clásico, versión algo arregladita del "antes roja, que rota".

Dos partidos enfrentados, hasta el punto de que uno de ellos, el PSOE, ha llegado a hacer campañas electorales basadas en el miedo - ¡uhhh, que viene el lobo pepero!-,y ha vendido peligro democrático, concepto más propio de democracias inmaduras que de países avanzados. Se arrancan, pues, la piel y los ojos, conforman dos miradas antagónicas del mundo, pero cuando aterrizan en el País Vasco son amigos y residentes en la misma ideología. Es decir, practican el insano frontismo español, ante el peligro vasco. Lo cual nos dice dos cosas, y malas: que lo de las autonomías no ha penetrado en el ADN de los grandes partidos españoles, cuya patrimonialización de España como concepto unilateral es alarmante; y que contra las periferias díscolas, son hijos del mismo Mío Cid.

Si había dudas, a las pruebas de las primeras decisiones me remito. Como si fuera una venganza de décadas, como si estuvieran esperando su momento, agazapados en la sombra, listos para hincar el diente, las primeras decisiones del flamante lehendakari no han tenido nada que ver con la ideología de izquierdas, que, según dice su carnet, representa. Han tenido que ver con un ideólogo nacionalista, obsesionado por los símbolos, chico aplicado que devuelve a los malos vascos su condición hispana. Y así, ha tomado la alta decisión de bajar a un pequeño mapa del tiempo, y reducir sus fronteras simbólicas, no fuera caso que cayeran huracanes sobre la España imperial. Y, por supuesto, ha asegurado que meterá mano en el estudio del vasco en las escuelas, y se ha apresurado a colocar la bandera española. Luego se hincharán a discursos contra el nacionalismo, y apelarán a la modernidad, y nos venderán convivencia. Y, en realidad, sólo son la versión posmoderna del nacionalista español pata negra de siempre.

5-VII-09, Pilar Rahola, lavanguardia