´La siega y el orden público´, Lluís Foix

Después de una larga estancia en el trópico africano he pasado el fin de semana en la Vall del Corb, en plena prohibición de segar de dos a cinco de la tarde para prevenir incendios provocados por las cosechadoras. No dudo de la buena intención del conseller Saura en dictar esta medida que ha sido recibida con ironía y buen humor por los profesionales de la siegan que llevan muchos años cosechando cereales en épocas de calores sofocantes y en tiempos de tempestades fugaces con granizadas que destruyen los sembrados que ya llevan días con los cuellos de las espigas doblegados.

Hubo una manifestación en Tàrrega contra la medida de la Conselleria d´Interior que no fue ni siquiera consultada con el sector de los segadores de las cosechadoras.

Lo peor que le puede pasar a quien toma decisiones no es que acierte o se equivoque, sino que le digan que no sabe. Esto es lo que pensaban los agricultores con más de treinta años a sus espaldas cosechando la mies en el granero de Catalunya, la Segarra y l´Urgell, y adentrándose en Aragón e incluso en la ancha Castilla para rematar la temporada.

No se puede tratar a los payeses como si fueran depredadores del territorio, cuando han sido los guardianes de las tierras catalanas en tiempos de emigraciones masivas del campo a la ciudad. Han sido ellos los que han preservado el campo. Lo son hoy y lo serán mañana. La visión urbana aplicada al mundo rural suele ser de una ignorancia más que probada. ¿Qué pasa si un segador pone en marcha su cosechadora a las 4.50? ¿Se le multa? Pero si los profesionales ya lo hacen, paran un par de horas para almorzar, dejan que se refresque la maquinaria y prosiguen con la siega. Esta obsesión reguladora de algunas conselleries es fatigante y estúpida. La medida anunciada por Saura con la loable intención de neutralizar el fuego en los sembrados y rastrojos es como si dictara un bando para que los agricultores paren para comer. Pero si ya lo hacen. Ya saben, mejor que en la conselleria, cómo y cuándo entrar en un campo de cereales a finales de junio y principios de julio.

La siega no es una cuestión de orden público. Con gran sentido común, Jaume Gilabert, republicano y presidente de la Diputación de Lleida, ha venido a decir a los de Interior que sepan lo que ocurre de verdad en el campo. No se puede insinuar que los payeses son pirómanos.

7-VII-09, Lluís Foix, lavanguardia