Obama, i tots amb ell, se la juga a AFPAK

La estrategia hacia Afganistán y Pakistán anunciada el viernes por Barack Obama fue el fruto de un intenso debate en la nueva Administración estadounidense, en el que el vicepresidente Joe Biden adoptó el papel del escéptico cauteloso y los líderes militares presionaron a favor de una implicación más intensa de Washington. Obama optó al final por una fórmula de compromiso, por la vía intermedia, en un indicio del estilo de gobierno que prefiere.

Los entresijos del parto de la estrategia fueron revelados ayer por The New York Times, que citó como fuentes a "decenas de funcionarios implicados en el debate". Según el diario, Biden, que fue senador durante más de treinta años y es uno de los líderes demócratas más bregados en política internacional, alertó del peligro de que EE. UU. quede atrapado en una ciénaga política y militar. Es obvio que la experiencia en Iraq pesa en su razonamiento. En el otro extremo se situaron los comandantes sobre el terreno, deseosos de aumentar el número de tropas y de contar con un presupuesto generoso para ampliar las fuerzas afganas.


AFPAK

El secretario de Defensa, Robert Gates, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, el almirante Mike Mullen, eran partidarios del envío de 4.000 soldados adicionales, pero no como tropas de combate sino como adiestradores de los afganos. Obama se inclinó por esta posición, dejando abierta la posibilidad de despachar más soldados en el futuro si las circunstancias lo exigen.

Las reticencias de Biden son un síntoma de la intranquilidad demócrata ante los riesgos de la operación afgano-pakistaní, un conflicto bifronte, bautizado ya como "Afpak", que Washington trata como un solo problema.

A pesar de las explicaciones de Obama, quedan muchos aspectos oscuros de la nueva estrategia. Después de que hablara el presidente, otros dos altos cargos de la Administración - el embajador Richard Holbrooke y el consejero de Seguridad Nacional, el general retirado James Jones-dieron a la prensa más detalles y análisis de los planes. Aunque Washington insiste en que no se cruzará la línea roja impuesta por los pakistaníes - de que no puede haber despliegue de tropas extranjeras en su suelo-,es un secreto a voces que comandos de fuerzas especiales norteamericanas han realizado incursiones en Pakistán, cuyo territorio es objetivo periódico de ataques con misiles de aviones sin piloto de la CIA, los Predator, dirigidos contra bases talibanes o de Al Qaeda.

Obama y sus colaboradores pasan de puntillas -sin apenas abordarlo en público- sobre un trasfondo clave para entender la complicada ecuación afgano-pakistaní: la guerra abierta o larvada entre India y Pakistán, desde hace sesenta años, por Cachemira. Oficialmente, Washington niega que Cachemira esté incluida en su estrategia para el Afpak. Para los expertos en la región es evidente, empero, que un buen desenlace del Afpak depende de que India y Pakistán terminen su violenta rivalidad, uno de cuyos escenarios es Afganistán.

29-III-09, E. Val, lavanguardia