autors i bibliografia del Žnou ateismeŽ

Estamos en la misma posición que el movimiento gay unas décadas atrás. Había una necesidad de que la gente saliera del armario. Y, cuanta más gente salía, más gente se animaba a hacer lo mismo. Es lo que sucede ahora con los ateos. Somos más numerosos de lo que creen". Quien así habla es el etólogo británico Richard Dawkins, principal cabeza visible del llamado nuevo ateísmo, movimiento de raíz anglosajona que agrupa a un buen número de intelectuales, principalmente científicos y escritores, y que va mucho más allá de la campaña publicitaria en los autobuses que acabamos de presenciar también en España.

Los nuevos ateos se manifiestan, además de en internet y la prensa escrita, a través de libros. Antes de que ellos llegaran al mercado bibliográfico, los best sellers de no-ficción en Inglaterra y Estados Unidos eran libros de dietas milagrosas y de autoayudas varias. Incuestionablemente, los ateos han creado un nuevo nicho de mercado: cuestionar la existencia de Dios ha triunfado en las listas de ventas.

El espejismo de Dios, de Dawkins, aquí publicado por Espasa, está entre los diez libros más vendidos de la librería global Amazon. com, así como en las cifras globales de todo EE. UU. Dawkins, hasta ahora conocido por sus aportaciones al darwinismo,es el jefe de la banda pero hay otros cabecillas: el filósofo Sam Harris, autor de El fin de la fe y de Carta a una nación cristiana - ambos publicados aquí por Paradigma-,donde explora la influencia del fundamentalismo cristiano en la política de Bush; el filósofo Daniel Dennet, que en Romper el hechizo (Katz) ve la religión como un producto tan natural como un virus, y el periodista Christopher Hitchens, cuyo Dios no es bueno, publicado por Debate, es otro de los éxitos ensayísticos de hoy.

Más allá de estas estrellas en las listas de ventas, otros pilares del movimiento son el físico Robert L. Park, o los biólogos P. Z. Myers y Larry Moran. En general, un rasgo distintivo del nuevo ateísmo, frente al viejo, es que su discurso procede más del campo científico que de las humanidades.

En diversos países europeos han surgido fenómenos semejantes. La pata francesa sería el filósofo Michel Onfray, cuyo Tratado de ateología (Anagrama/ Edicions 1984) ya conoce en España varias ediciones. En Italia, el matemático y lógico Piergiorgio Odifreddi ha arrasado con Por qué no podemos ser cristianos, obra que aquí ha publicado recientemente RBA.

Y la ola sigue su curso. En marzo, Tusquets vaa publicar Elogio de la irreligión, del matemático norteamericano John Allen Paulos, que rebate los argumentos a favor de la existencia de un Supremo Hacedor. Y, en mayo, llega a las librerías españolas otro Hitchens: El ateo portátil, una antología de textos coordinada por este con piezas de Ian McEwan, Salman Rushdie o Ayaan Irsi Ali, entre muchos otros.

El nuevo ateísmo no se limita a defender la tolerancia religiosa, aquello de que cada cual haga lo que quiera, sino que propugna el combate, la crítica y la argumentación racional contra las creencias religiosas, en cualquier lugar donde estas surjan.

Uno de los aspectos más criticados - sobre todo, por los mismos ateos-es el adverbio probablemente que en los autobuses se ha añadido al enunciado Dios no existe. "¿Qué clase de ateos son estos que no defienden sin reservas que Dios no existe?", se ha preguntado el filósofo Josep Maria Terricabras. Pero ese adverbio de posibilidad se enmarca en la estrategia argumentativa de Dawkins, quien siguiendo su modelo científico dice: "No podemos refutar la existencia de Dios, del mismo modo que tampoco podemos probar la no existencia de las hadas, Thor o el monstruoso Spaguetti Volador. Pero sí podemos decir que la existencia de Dios, como la de esas fantasías, es altamente improbable y contraria a toda evidencia".

La ofensiva atea se explica por el auge del fundamentalismo religioso - y de la fe, en general-en EE. UU., donde, según recientes encuestas, el 91% de la población cree en lo sobrenatural y el 74% en otra vida tras la muerte. Los estudios demográficos indican, además, que la población de creyentes en el mundo aumenta a un ritmo mucho más rápido que la de no creyentes (los primeros tienen más hijos). Si el siglo XX vio un declive del sentimiento religioso entre la juventud, el XXI podría asistir a justamente lo contrario. Por lo que Dawkins - que cree que EE. UU. sufren "una edad oscura teocrática"-reclama para su grey un reconocimiento similar al de otros grupos minoritarios ya que "debemos de ser unos 30 millones solamente en EE. UU.".

En España, según los editores consultados, estamos a la espera de que surjan autores comparables en cuanto a fenómeno a los traducidos (Fernando Savater tiene alguna obra al respecto).

18-I-09, Xavi Ayén, lavanguardia