100 Estats renuncien a les bombes de dispersió

La firma del tratado para erradicar las bombas de racimo comenzó ayer en Oslo con la intención declarada de cien países de suscribirlo y la ausencia notoria de los dos grandes productores, Rusia y Estados Unidos. También China rechaza el tratado. De los 26 miembros de la OTAN, se espera que 18 lo firmen, entre ellos Francia, Alemania y el Reino Unido, que ha empezado a destruir sus arsenales, lo mismo que España: el martes, la ministra de Defensa, Carme Chacón, acudió al inicio de este proceso - que durará siete meses-y ayer el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel ÁngelMoratinos, firmó el documento en Oslo. Afganistán fue uno de los primeros firmantes.

Como senador, Barack Obama apoyó una propuesta para excluir el uso de munición de fragmentación en áreas civiles, que fue derrotada por 70 votos a 30. La doctrina actual de Washington considera estas armas "una parte importante de la defensa estratégica estadounidense" y arguye que prohibirlas iría en perjuicio de la cooperación militar en tareas humanitarias con países que firmen el acuerdo. Obama, según ha dicho su portavoz de Seguridad Nacional, Brooke Anderson, "revisará cuidadosamente el tratado y trabajará con otros países para asegurar que EE. UU. hace lo posible por la protección de civiles en zonas de conflicto".

La última ocasión en que este tipo de minas - que se ceban en la población civil, y en los niños en particular-se utilizó fue en la guerra de Osetia del Sur, en agosto, y hasta ahora han causado 25 muertos. Georgia, aliada de EE. UU., reconoció haberlas usado, mientras que Rusia - contra toda evidencia, según expertos en desminado-lo negó.

En agosto del 2006, el ejército israelí dispersó cuatro millones de bombas de racimo sobre Líbano, según la ONU. El peligro persiste para la población civil dos años después. La milicia de Hizbulah lanzó, por su parte, un centenar de cohetes con carga de dispersión sobre territorio de Israel, que tampoco apoya el tratado.

Este proceso histórico arrancó en Dublín en mayo, con la participación de 107 países, y es heredero de la convención de Ottawa sobre minas antipersona que se remonta a 1997. Se trata de prohibir la producción, almacenaje y comercio directo o indirecto de estas armas, de imponer la destrucción de los arsenales existentes en un plazo de ocho años y de limpiar los territorios bombardeados en diez años, que empezarán a contar seis meses después de la entrada en vigor del tratado con la firma de al menos 30 países.

Además, los estados signatarios se comprometen a asistir a las víctimas de estas bombas, sus familias y comunidades. Los países y territorios afectados son una treintena. Hasta el momento, 29 estados producían armas de fragmentación y 76 las tienen almacenadas, lo que representa millones de unidades.

4-XII-08, ap/red, lavanguardia