Mumbai: l´allargada ombra de l´ISI pakistanès

Lashkar-e-Taiba es cualquier cosa menos un "ejército de virtuosos", tal como se traduce su nombre. Especialmente para las autoridades indias, que llevan años achacándole muchos de los grandes atentados que sacuden el país en clave de conflicto comunitario, entre musulmanes e hindúes. Algo facilitado por el hecho de que, desde que fue ilegalizada en Pakistán, su país de origen, pocos meses después del 11-S, dejó de asumir la autoría de actos terroristas.

La razón de ser de Lashkar-e-Taiba fue arrancar Cachemira del dominio indio. Llegó a contar con un elevado número de campos de entrenamiento en la pequeña parte de Cachemira bajo soberanía pakistaní, desde donde infiltraba terroristas al otro lado. Su padrino e instructor no era otro que los poderosos servicios secretos de Pakistán (ISI), aunque la organización recaudara dinero también en plena calle.

Lashkar-e-Taiba era una prolongación de la guerra por otros medios para el ejército pakistaní, empeñado en hacer sangrar a India por un millar de heridas. La acción más audaz del ISI fue el asalto al Parlamento indio en el 2001, poco después de haber asaltado la Asamblea de Cachemira, algo que llevó a India a movilizar un millón de soldados junto a la frontera y puso a las dos recién estrenadas potencias nucleares al borde del abismo bélico.

Tras el 11-S, bajo enorme presión norteamericana, el general Musharraf no tuvo más remedio que dar un giro de 180 grados e ilegalizar a sus antiguos patrocinados. Algunos campos fueron cerrados y otros, trasladados al oeste, cerca de Afganistán. Allí fue en aumento la complicidad con elementos de Al Qaeda y los talibanes. En el último caso, al menos, con ayuda explícita del ISI. A todos ellos - también al ISI-los unía un sentimiento de traición por el abandono de los tradicionales objetivos estratégicos: mandar en Afganistán, reivindicar Cachemira.

Bombay puede ser la prueba de la alianza estratégica entre Lashkar-e-Taiba y Al Qaeda. El "actúa localmente, piensa globalmente" del terrorismo yihadista. De ahí los atentados contra extranjeros, con los israelíes, los estadounidenses y los británicos como piezas más codiciadas. Sin olvidar que Al Qaeda y los talibanes podrían conseguir que un eventual pulso militar entre Pakistán e India aliviara la presión que el ejército pakistaní ejerce sobre las zonas contiguas a Afganistán.

Es difícil no ver el sello del ISI. India asegura que el terrorista capturado, punjabí pakistaní, ha reconocido ser de Lashkar-e-Taiba. Pero si es un atentado de este grupo, entonces no se puede separar del combate por Cachemira. Especialmente, porque en este momento la Cachemira india está inmersa en unas elecciones boicoteadas, como es tradicional, por las organizaciones políticas antiindias del valle. Con esta alianza, Lashkar-e-Taiba castigaría lo que considera la traición a Cachemira.

Si Musharraf terminó poniendo la disputa por Cachemira en el cajón, el nuevo presidente democrático, Asif Ali Zardari, pretende ponerla en un cajón todavía más apartado. Desde el principio ha dicho que Cachemira no debe interferir en la profundización de relaciones. Por último, hay que señalar la rotura de puentes que el horror de los últimos días supone entre India y Pakistán, después de que Zardari declarara que India nunca ha sido una amenaza para Pakistán y, hace apenas una semana, que Pakistán nunca será el primero GURINDER OSAN / AP en apretar el botón nuclear. Naturalmente, un aumento de la tensión militar refuerza al establishment pakistaní y debilita a los poderes democráticos, permanentemente en fase infantil. La pesadilla para India en todo caso sería si, como asegura medio en serio y medio en broma un taxista musulmán, los terroristas "son indios, son de Bombay". Algunas fuentes señalan a un jefe de la mafia musulmana de Bombay, Dawood Ibrahim, implicado en los atentados del llamado viernes negro y supuestamente refugiado en Karachi, ciudad de donde supuestamente partieron los terroristas.

30-XI-08, J.J. Baños, lavanguardia

Former ISI director Mahmud Ahmed.
Former ISI director Mahmud Ahmed

Pakistán envió ayer una mala señal a India. Por un lado, el presidente Asif Ali Zardari se retractó del compromiso de enviar a Nueva Delhi al jefe de los servicios secretos, ISI, para colaborar en la investigación de los atentados. Por otro, altos mandos militares amenazaron - desde el anonimato-con enviar tropas a la frontera con India y retirarlas de la frontera con Afganistán si India incrementa la tensión acusando a Pakistán. "Los próximos dos días - hoy y mañana-serán cruciales", afirmaron.

La petición del primer ministro indio, Manmohan Singh, de que el director general del ISI, general Ahmed Shuja Pasha, viajara a India fue aceptada inicialmente pero revisada horas más tarde, en la madrugada de ayer, durante una reunión en la sede de la presidencia pakistaní. Según comentarios de prensa, la cúpula militar habría considerado inaceptable que el jefe del ISI acudiera a India como si fuera llamado a capítulo por un gobierno extranjero. Islamabad anunció que en su lugar viajaría otro cargo del ISI de menor graduación, y el presidente Zardari (viudo de Benazir Buhtto) argumentó para justificarlo que había habido un malentendido con Nueva Delhi.

El intento, por parte del presidente pakistaní y del ministro de Asuntos Exteriores, Sha Mahmud Qureshi, de templar gaitas tanto ante India como ante la opinión pública de su país quedó desvirtuado por la cúpula militar. Uno de los dos altos mandos que se pronunciaron ayer afirmó que es dudoso que ningún representante del ISI viaje a India.

De regreso de Nueva Delhi, donde había pasado tres días, el ministro Qureshi insistió por activa y por pasiva en que "Pakistán no está a la defensiva" por las acusaciones indias sobre la autoría de los atentados ("elementos de Pakistán", dijo el Gobierno indio). "Se ha decidido en el Gabinete mantener el compromiso - de colaboración-con los líderes de India", afirmó el ministro.

La pretensión de Qureshi, según el diario pakistaní Dawn,era demostrar a India que el ISI no es una entidad asilvestrada, sino que recibe órdenes de un gobierno electo "y de nadie más", aunque no descartó la presencia de "elementos canallas". Para el diario, enviar al jefe del ISI era una buena oportunidad de aclarar las cosas.

La réplica de altos mandos militares fue alimentada por informaciones de The New York Times que abundaban en la pista pakistaní. Fuentes de la inteligencia estadounidense dijeron a ese diario que las pruebas recogidas en Bombay remiten a dos grupos de Cachemira bien conocidos por sus atentados en India, Lashkare-Taiba y Jaish-e-Muhammad, y recordaron que ambos recibieron en el pasado entrenamiento y apoyo logístico del ISI. Lashkare-Taiba negó el jueves toda relación con los atentados de Bombay, pero es señalado por los servicios de inteligencia indios, británicos y estadounidenses. Pakistán habría hecho la vista gorda ante las bases de ese grupo.

Pero Pakistán habría reducido su apoyo - que califica de tan sólo moral y político-a los rebeldes de Cachemira precisamente gracias a la presión de Estados Unidos en los últimos años, lo cual ha permitido un acercamiento indopakistaní que estaba permitiendo acuerdos sobre este territorio, entre ellos, intercambios comerciales limitados, que comenzaron recientemente. Lo único que ha trascendido de las investigaciones en Bombay es que uno de los terroristas fue identificado como pakistaní y que desde uno de sus teléfonos móviles se hicieron varias llamadas a Karachi.

La amenaza de los dos altos mandos pakistaníes parece una respuesta a estos argumentos, ya que afirmaron que las tropas que se llevarían a la frontera con India serían sustraídas de la frontera con Afganistán, donde tienen la misión de combatir la insurgencia talibana. "Retiraremos todo de la frontera occidental - dijo el mando de más alta graduación-.No dejaremos allí nada".

30-XI-08, red/agcs, lavanguardia