´Los tres deseos´, Xavier Batalla

En la Roma de Mussolini, los espíritus perversos decían que Dios había creado tres virtudes principales: la honradez, la inteligencia y el fascismo. Desgraciadamente, como el hombre nace imperfecto, estos espíritus añadían que jamás las tres virtudes se daban juntas en una persona. Si se era fascista e inteligente, no se podía ser honrado. Si se era fascista y honrado, no se podía ser inteligente. Y si por ventura se era inteligente y honrado, entonces pasaba que no se podía ser fascista.

Esta chanza no es patrimonio exclusivo de los antifascistas. Como ocurre con todas las chanzas, la de las tres virtudes también se ha adaptado a otros escenarios políticos. Por ejemplo, el israelí. Uri Avnery, fundador del movimiento israelí pro paz, cuenta que los revisionistas de Zeev Jabotinsky hicieron correr una chanza sobre los laboristas de David Ben Gurion, el padre del Estado de Israel, que sesenta años después sigue ilustrando las dificultades que estadounidenses, israelíes y palestinos afrontan ahora, cuando se ha cumplido un año del anuncio hecho en Annapolis de que antes de que acabe el 2008 se habrá alcanzado un acuerdo de paz.

Jabotinsky fue un dirigente hecho con el molde del nacionalismo del siglo XIX. Nació en Odesa y creció en Italia, donde Giuseppe Manzini y Giuseppe Garibaldi dejaron en él una huella imborrable. Y una vez en Palestina, Jabotinsky quiso que todo el territorio, incluso lo que hoy es Jordania, se convirtiera en un Estado hebreo. Por eso se opuso a la decisión británica de separar la orilla occidental del río Jordán, esto es, el actual Israel más Cisjordania y Gaza, de la orilla oriental, que es Jordania. De la insistencia de Jabotinsky en que Israel debería extenderse por lo que hoy es Israel, Gaza, Cisjordania y Jordania, procede su etiqueta de revisionista, en contraste con Ben Gurion, que en noviembre de 1947 aceptó la recomendación de la ONU de partir la Palestina histórica (Israel, Gaza y Cisjordania).

Una vez fundado Israel, en 1948, los revisionistas de Jabotinsky contaban que Dios prometió concederle un deseo al laborista Ben Gurion como recompensa por la independencia. Pero Ben Gurion pidió tres cosas: que cada israelí fuera honrado, sabio y laborista. "Esto es demasiado incluso para mí", dicen que Dios le contestó. Y añadió: "Cada israelí podrá elegir dos de los tres deseos". ¿El resultado? Según los revisionistas, si un israelí era laborista y honrado, no podría ser sabio; si era laborista y sabio, no sería honrado, y si por ventura resultaba ser sabio y honrado, entonces sucedía que no se era laborista.

Tzipi Livni, de 50 años, es la líder de Kadima, el partido que se desgajó del Likud, y en su juventud fue seguidora de Jabotinsky. Livni cantaba de pequeña una canción que decía así: "El Jordán tiene dos orillas; una nos pertenece, la otra, también". Pero todo comenzó a cambiar cuando Ariel Sharon, en coma desde enero del 2006, ordenó la retirada de Gaza, el otro territorio que los israelíes ocupaban desde la guerra de 1967. El entonces primer ministro provocó una revuelta entre los miembros de su partido, el Likud, opuestos a ceder un milímetro de Gaza y Cisjordania. Y la rebelión hizo que Sharon abandonara el Likud para fundar Kadima con la intención de ocupar el centro político. Livni acepta ahora la solución de dos estados, es decir, aprueba la creación de un Estado palestino en Gaza y parte de Cisjordania. "Para seguir siendo un Estado judío y democrático, tenemos que devolver parte de los territorios (ocupados)", afirmó Livni antes de ganar en las urnas la jefatura de Kadima.

El resto de los revisionistas, sin embargo, sigue en sus trece. Es el caso de Beniamin Netanyahu, líder del Likud, que el próximo 10 de febrero puede ser el gran rival de Livni en las elecciones legislativas anticipadas. Y esta situación, que se repite desde la fundación de Israel, ha dado pie ahora, como cuenta Uri Avnery, a una nueva versión de la chanza de las tres virtudes.

Los revisionistas, dice el chiste, piden ahora tres cosas: que el Estado de Israel sea judío, que abarque toda la Palestina histórica y que sea democrático. Las tres peticiones, sin embargo, son demasiado, según la chanza, incluso para Dios, quien entonces hace saber a los revisionistas que deberán conformarse con dos de sus tres peticiones. Si lo que quieren es un Estado israelí que se extienda por sólo una parte de la Palestina histórica, el Estado será judío; si lo que desean es un Estado judío en toda Palestina, entonces no será democrático, y si lo que pretenden es un Estado democrático en toda Palestina, lo que ocurrirá es que el Estado de Israel ya no será judío.

29-XI-08, Xavier Batalla, lavanguardia